miércoles, 17 de agosto de 2016

Balance del año académico - De vuelta a casa


De este sábado en 15 viajo de vuelta a Colombia, y como son dos semanas de escribir la tesis y prácticamente de trasteo, aprovecho hoy para escribir esta última entrada de esta aventura haciendo la maestría. Se trata de un balance o reflexión punto por punto como está de moda en los textos de internet, que quiero compartir con ustedes.

1. Quien se fue de Colombia.

La persona que se fue de Colombia era una persona desesperada y temerosa. Hacía mucho tiempo que mi desesperación era constante, exactamente desde el año en el que escribí mi tesis de pregrado. Necesitaba empezar a producir dinero rápidamente, pero a la vez no sabía cómo hacerlo. Salí de Colombia porque esta fue la opción que encontré más razonable para conseguir un trabajo más adelante y una estabilidad financiera. Paradójicamente los musicólogos son aun menos necesarios que los músicos según mis búsquedas de empleo recientes; y mi hoja de vida me hace más apta para audicionar como cantante en el Cirque Du Solei que para dar una cátedra en una universidad.

2. La supervivencia.

En la vida práctica, yo que pensé que no sabía mover ni un dedo, pero resulté incluso buena cocinera. La forma en que administré mis asuntos domésticos me subió la autoestima de un modo que nunca esperé. Crear los hábitos no fue difícil, lo difícil fue entender que la plata es para acabársela... No se imaginan lo duro que me daba ver cómo el dinero se iba en mercado, cuotas de las residencias, fotocopias y viajes a Carfiff... Estaba acostumbrada a que el dinero se me iba en transporte y en gustos en Bogotá... Mi poquísimo dinero de profesora de canto... Y siempre quedaba como ahorrar. Me temo que no me fue posible ahorrar aquí, sobretodo sin empleo.

3. La frustración real.

Mis frustraciones en Bogotá por la falta de empleo y el bloqueo creativo, no se comparan con la frustración de no conseguir un empleo que de verdad creía necesitar, para ayudarme en mi mantenimiento y pagar una deuda. El estrés se hizo crónico en algún momento con pocas posibilidades de desahogarlo. Mi hoja de vida no me califica para casi ningún oficio menor, y Southampton es una ciudad muy pequeña con muchos británicos, gringos, europeos, indios, musulmanes, negros y chinos que tienen sus roscas y de los que se sabe más qué esperar, que de un latinoamericano. En contra de la lógica mis esfuerzos por encontrar un trabajo fracasaron uno tras otro, a pesar de que constantemente estuve cambiando mi estrategia.

4. El "racismo" en la academia.

En mi maestría había mayoría de británicos, un par de gringos, un par de chinos y yo. Llamé bastante la atención, y sí que me tocó ver cómo es la ignoracia sobre nuestro continente y país entre académicos. En contenidos no llegué atrasada, pero el inglés me hizo trabajar el doble de duro. De entrada llegué a chocar con el profesorado, pues me obligaban a hacer etnomusicología, en vez de musicología, porque la musicología sólo es para Europa, los demás somos las otra exóticas etnias; y aunque logré hacer musicología, no pude hacer lo que me propuse al ser aceptada en la maestría.

5. Las grandes amistades.

Hice grandes amigos en la maestría que me apoyaron en los momentos más duros y secundaron mis quejas contra la sutil xenofobia de los profesores. Estos fueron los gringos Elizabeth y Collin y la británica Katy. También me hice muy cercana a Liya Mao en mi flat y a Patricia gracias al idioma español. Pero los mejores amigos fueron los que hice en mi parroquia, las personas que conocí en Dios, que como siempre, no me defrauda. Rosana Orlando me prestó dinero cuando fue necesario, Jochen me llevó a cantar a un coro y me invitó a comer en su casa numerosas veces, Edward me mostró la cara simpática de los nativos de este país, sin mencionar a los integrantes del coro de parroquia, personas hermosas.

6. Agitada dentro de una gran mano.

La mayor parte de este año fui un pájaro nervioso, con el corazón palpitando a toda velocidad, dentro de la gran mano de Dios, que siempre me sostuvo. Ahora que se acabó el tiempo y miro hacia atrás, veo que a pesar de mis angustias, pude vivir aun sin trabajo, pasé todas mis materias con buenas notas y mi creatividad se desbloqueó. La liturgia de las horas diaria me ayudó a soportar cada día de clase sin quebrarme, y horas ante el Santísimo me consolaron en la desesperación financiera. A pesar de la perspectiva de incertidumbre al regresar a Colombia, hay un fondo de paz porque he vivido en carne propia que:

Es inútil que madruguéis,
que veléis hasta muy tarde,
que comáis el pan de vuestros sudores:
¡Dios lo da a sus amigos mientras duermen!

7. Probando el amor verdadero.

No es necesario dar detalle en este punto: Arturo y yo seguimos juntos y firmes en nuestra decisión de casarnos. La distancia, la austeridad, la incertidumbre, todo ello ha fortalecido nuestra relación. La autonomía de la que gozamos hizo madurar nuestro noviazgo a pasos agigantados, ya que tuvimos que respondernos a nosotros mismos y a Dios directamente, a nadie más...

8. Me conocí.

Estando aquí sola, esforzándome y saboreando fracasos y pequeñas victorias, me he conocido como nunca. Hay algo maravilloso en sólo responderse a uno mismo que sólo funciona a partir de esta edad, en la que uno sabe que las cosas tienen que hacerse bien. Conocí los tiempos que me tomo en las actividades cotidianas, construí mis hábitos, distinguí vicios y busqué corregirlos. Lo mejor fue que no me comparé con nadie en este tiempo, sólo fui auténticamente yo... Tal vez como mujer uno depende mucho de compararse con los padres, las hermanas, los primos, los hijos de los amigos de los padres y familiares, los compañeros de colegio, de universidad, etc. Habiendo olvidado que tenía que compararme, mi bloqueo creativo se desvaneció poco a poco, y me concentré en profundizar en mi identidad, en temas como mi herencia española, en mi muy peculiar estilo al personalizar todas mis cosas, y en la busqueda de lo realmente quiero hacer.

9. La persona que vuelve.

No sé quien volverá, no sé si algo cambió en mi exterior, además de que gané peso y me corté el pelo porque Arturo me trasquiló en otro día. No sé cómo será el trato, no sé si mi mirada está distinta, no sé nada. No llego con la vida solucionada, y me duele porque al parecer mi matrimonio quedará embolatado otra vez. Yo solo sé que llegó feliz de ver a mis seres queridos de nuevo, y vuelvo con la resolución de hacer y hacer. Así no me empleen para escribir, cantar o componer, llegaré a escribir, cantar y componer, buscando hasta que algo salga. Por aquí debí haber empezado al graduarme, pero no lo hice y necesité un año afuera para darme cuenta.


He enviado muchas hojas de vida últimamente, a la vez que trabajo en mi tesis y vivo... Inglaterra no es un país para criar hijos, pero si es un país excelente para vivir solo. En no mucho tiempo también seré independiente en Colombia, pero esa es otra historia que apenas comienza... Pensemos por ahora en que pronto nos veremos.

sábado, 13 de agosto de 2016

Paseo a Polonia

He venido a Polonia a visitar a la amiga más cercana que me hice en Inglaterra: Patricia. Ella estudia español y alemán en Southampton, nos hicimos amigas porque ella me pidió que la ayudara con su español simplemente conversando con ella periódicamente, es decir, lo que uno hace con los amigos.

Nos llevamos magníficamente y nos veíamos cada semana, por eso heme aquí con Arturo en la casa de su familia en este pueblito cerca de Cracovia.

Este es apenas mi segundo día aquí y ya he tenido un par de aventuras. Lo primero fue que en el bus camino al aeropuerto en Londres, quedamos atrapados más de una hora en un trancón en la mitad de la ciudad. Y uno se quejaba de Bogotá... Llegamos al aeropuerto con el tiempo justo, y nos subimos a un avión ocupado por gente polaca casi en su totalidad, y como única persona no blanca, estaba yo. Contrasto muchísimo con su fenotipo.

El viaje fue cortico, y finalmente llegamos a Cracovia donde Patricia y su papá nos estaban esperando, la noche del domingo. Los papás de Patricia no hablan inglés, ni menos español. Los hermanitos de 6 y 4 años tampoco, obviamente, pero el niño más pequeño conversa mucho conmigo, y le dice a Patricia que él me entiende todo lo que digo... Es lo más tierno del mundo. A pesar de este problema nos hemos comunicado bastante con señas y la aplicación de traducción del iPad y el celular de Arturo. Es una familia muy amorosa y sencilla.

El papá de Patricia es dueño de un almacén de mascotas, y también entrena pastores alemanes para concursos y para la policía del pueblo. Aquí mismo tienen cinco perros. La mamá, que es muy joven, es ama de casa. Sabíamos que veníamos a vivir en una casa grande de campo, y estábamos contentos de que alguien cocinara para nosotros y de tener espacios limpios. Lo que no nos imaginamos es que iba a haber un baño para las 7 personas que estamos. Ayer conocimos a un español casado con una polaca y nos contó que a los hombres polacos les encanta hacer todo por sí mismos: arreglar sus propios carros y aparatos, cultivar sus propias verduras, hacer su propio pan, y construir sus propias casas. Se nota que esta casa es un claro ejemplo, porque hay muchos errores arquitectónicos que hacen la vida no tan obvia. Ningún cuarto, nisiquiera el baño, tiene seguro, entonces no le queda a uno más opción que confiar en los anfitriones... Es un ejercicio interesante.

Ayer se conmemoraba el Levantamiento de Varsovia, y estábamos comiendo un helado cuando sonó una sirena y la ciudad se paró por completo como señal de respeto... Hubo después conciertos y cosas aquí en Jaroslaw. Qué nos íbamos a imaginar que llegaríamos en fiesta nacional... Fuimos a un monasterio benedictino muy genial, que es como el centro cultural del pueblo. Los artistas locales exponen sus obras ahí, y hay exposiciones sobre la ciudad en la segunda  guerra mundial, y el Papa Juan Pablo II.

La comida polaca consiste en pan, jamones, papa, verduras, y té. También nos dan muchas golosinas. Como raro para una mamá, doña Bárbara nos ve delgados y nos ha sobrealimentado terriblemente. Patricia se me burla y dice que no voy a poder evitar engordar. No se extrañen si llego repuestica a Colombia, no me la monten.

Ahora nos vamos a Cracovia a conocer. La diferencia horaria ahora es 7 horas más temprano que Bogotá. Es un alivio estar en un país católico otra vez... Algo en el ambiente cambia. Aunque sigue siendo Europa, y no hemos visto que nadie más tome una ducha en estos dos días...