miércoles, 17 de agosto de 2016

Balance del año académico - De vuelta a casa


De este sábado en 15 viajo de vuelta a Colombia, y como son dos semanas de escribir la tesis y prácticamente de trasteo, aprovecho hoy para escribir esta última entrada de esta aventura haciendo la maestría. Se trata de un balance o reflexión punto por punto como está de moda en los textos de internet, que quiero compartir con ustedes.

1. Quien se fue de Colombia.

La persona que se fue de Colombia era una persona desesperada y temerosa. Hacía mucho tiempo que mi desesperación era constante, exactamente desde el año en el que escribí mi tesis de pregrado. Necesitaba empezar a producir dinero rápidamente, pero a la vez no sabía cómo hacerlo. Salí de Colombia porque esta fue la opción que encontré más razonable para conseguir un trabajo más adelante y una estabilidad financiera. Paradójicamente los musicólogos son aun menos necesarios que los músicos según mis búsquedas de empleo recientes; y mi hoja de vida me hace más apta para audicionar como cantante en el Cirque Du Solei que para dar una cátedra en una universidad.

2. La supervivencia.

En la vida práctica, yo que pensé que no sabía mover ni un dedo, pero resulté incluso buena cocinera. La forma en que administré mis asuntos domésticos me subió la autoestima de un modo que nunca esperé. Crear los hábitos no fue difícil, lo difícil fue entender que la plata es para acabársela... No se imaginan lo duro que me daba ver cómo el dinero se iba en mercado, cuotas de las residencias, fotocopias y viajes a Carfiff... Estaba acostumbrada a que el dinero se me iba en transporte y en gustos en Bogotá... Mi poquísimo dinero de profesora de canto... Y siempre quedaba como ahorrar. Me temo que no me fue posible ahorrar aquí, sobretodo sin empleo.

3. La frustración real.

Mis frustraciones en Bogotá por la falta de empleo y el bloqueo creativo, no se comparan con la frustración de no conseguir un empleo que de verdad creía necesitar, para ayudarme en mi mantenimiento y pagar una deuda. El estrés se hizo crónico en algún momento con pocas posibilidades de desahogarlo. Mi hoja de vida no me califica para casi ningún oficio menor, y Southampton es una ciudad muy pequeña con muchos británicos, gringos, europeos, indios, musulmanes, negros y chinos que tienen sus roscas y de los que se sabe más qué esperar, que de un latinoamericano. En contra de la lógica mis esfuerzos por encontrar un trabajo fracasaron uno tras otro, a pesar de que constantemente estuve cambiando mi estrategia.

4. El "racismo" en la academia.

En mi maestría había mayoría de británicos, un par de gringos, un par de chinos y yo. Llamé bastante la atención, y sí que me tocó ver cómo es la ignoracia sobre nuestro continente y país entre académicos. En contenidos no llegué atrasada, pero el inglés me hizo trabajar el doble de duro. De entrada llegué a chocar con el profesorado, pues me obligaban a hacer etnomusicología, en vez de musicología, porque la musicología sólo es para Europa, los demás somos las otra exóticas etnias; y aunque logré hacer musicología, no pude hacer lo que me propuse al ser aceptada en la maestría.

5. Las grandes amistades.

Hice grandes amigos en la maestría que me apoyaron en los momentos más duros y secundaron mis quejas contra la sutil xenofobia de los profesores. Estos fueron los gringos Elizabeth y Collin y la británica Katy. También me hice muy cercana a Liya Mao en mi flat y a Patricia gracias al idioma español. Pero los mejores amigos fueron los que hice en mi parroquia, las personas que conocí en Dios, que como siempre, no me defrauda. Rosana Orlando me prestó dinero cuando fue necesario, Jochen me llevó a cantar a un coro y me invitó a comer en su casa numerosas veces, Edward me mostró la cara simpática de los nativos de este país, sin mencionar a los integrantes del coro de parroquia, personas hermosas.

6. Agitada dentro de una gran mano.

La mayor parte de este año fui un pájaro nervioso, con el corazón palpitando a toda velocidad, dentro de la gran mano de Dios, que siempre me sostuvo. Ahora que se acabó el tiempo y miro hacia atrás, veo que a pesar de mis angustias, pude vivir aun sin trabajo, pasé todas mis materias con buenas notas y mi creatividad se desbloqueó. La liturgia de las horas diaria me ayudó a soportar cada día de clase sin quebrarme, y horas ante el Santísimo me consolaron en la desesperación financiera. A pesar de la perspectiva de incertidumbre al regresar a Colombia, hay un fondo de paz porque he vivido en carne propia que:

Es inútil que madruguéis,
que veléis hasta muy tarde,
que comáis el pan de vuestros sudores:
¡Dios lo da a sus amigos mientras duermen!

7. Probando el amor verdadero.

No es necesario dar detalle en este punto: Arturo y yo seguimos juntos y firmes en nuestra decisión de casarnos. La distancia, la austeridad, la incertidumbre, todo ello ha fortalecido nuestra relación. La autonomía de la que gozamos hizo madurar nuestro noviazgo a pasos agigantados, ya que tuvimos que respondernos a nosotros mismos y a Dios directamente, a nadie más...

8. Me conocí.

Estando aquí sola, esforzándome y saboreando fracasos y pequeñas victorias, me he conocido como nunca. Hay algo maravilloso en sólo responderse a uno mismo que sólo funciona a partir de esta edad, en la que uno sabe que las cosas tienen que hacerse bien. Conocí los tiempos que me tomo en las actividades cotidianas, construí mis hábitos, distinguí vicios y busqué corregirlos. Lo mejor fue que no me comparé con nadie en este tiempo, sólo fui auténticamente yo... Tal vez como mujer uno depende mucho de compararse con los padres, las hermanas, los primos, los hijos de los amigos de los padres y familiares, los compañeros de colegio, de universidad, etc. Habiendo olvidado que tenía que compararme, mi bloqueo creativo se desvaneció poco a poco, y me concentré en profundizar en mi identidad, en temas como mi herencia española, en mi muy peculiar estilo al personalizar todas mis cosas, y en la busqueda de lo realmente quiero hacer.

9. La persona que vuelve.

No sé quien volverá, no sé si algo cambió en mi exterior, además de que gané peso y me corté el pelo porque Arturo me trasquiló en otro día. No sé cómo será el trato, no sé si mi mirada está distinta, no sé nada. No llego con la vida solucionada, y me duele porque al parecer mi matrimonio quedará embolatado otra vez. Yo solo sé que llegó feliz de ver a mis seres queridos de nuevo, y vuelvo con la resolución de hacer y hacer. Así no me empleen para escribir, cantar o componer, llegaré a escribir, cantar y componer, buscando hasta que algo salga. Por aquí debí haber empezado al graduarme, pero no lo hice y necesité un año afuera para darme cuenta.


He enviado muchas hojas de vida últimamente, a la vez que trabajo en mi tesis y vivo... Inglaterra no es un país para criar hijos, pero si es un país excelente para vivir solo. En no mucho tiempo también seré independiente en Colombia, pero esa es otra historia que apenas comienza... Pensemos por ahora en que pronto nos veremos.

sábado, 13 de agosto de 2016

Paseo a Polonia

He venido a Polonia a visitar a la amiga más cercana que me hice en Inglaterra: Patricia. Ella estudia español y alemán en Southampton, nos hicimos amigas porque ella me pidió que la ayudara con su español simplemente conversando con ella periódicamente, es decir, lo que uno hace con los amigos.

Nos llevamos magníficamente y nos veíamos cada semana, por eso heme aquí con Arturo en la casa de su familia en este pueblito cerca de Cracovia.

Este es apenas mi segundo día aquí y ya he tenido un par de aventuras. Lo primero fue que en el bus camino al aeropuerto en Londres, quedamos atrapados más de una hora en un trancón en la mitad de la ciudad. Y uno se quejaba de Bogotá... Llegamos al aeropuerto con el tiempo justo, y nos subimos a un avión ocupado por gente polaca casi en su totalidad, y como única persona no blanca, estaba yo. Contrasto muchísimo con su fenotipo.

El viaje fue cortico, y finalmente llegamos a Cracovia donde Patricia y su papá nos estaban esperando, la noche del domingo. Los papás de Patricia no hablan inglés, ni menos español. Los hermanitos de 6 y 4 años tampoco, obviamente, pero el niño más pequeño conversa mucho conmigo, y le dice a Patricia que él me entiende todo lo que digo... Es lo más tierno del mundo. A pesar de este problema nos hemos comunicado bastante con señas y la aplicación de traducción del iPad y el celular de Arturo. Es una familia muy amorosa y sencilla.

El papá de Patricia es dueño de un almacén de mascotas, y también entrena pastores alemanes para concursos y para la policía del pueblo. Aquí mismo tienen cinco perros. La mamá, que es muy joven, es ama de casa. Sabíamos que veníamos a vivir en una casa grande de campo, y estábamos contentos de que alguien cocinara para nosotros y de tener espacios limpios. Lo que no nos imaginamos es que iba a haber un baño para las 7 personas que estamos. Ayer conocimos a un español casado con una polaca y nos contó que a los hombres polacos les encanta hacer todo por sí mismos: arreglar sus propios carros y aparatos, cultivar sus propias verduras, hacer su propio pan, y construir sus propias casas. Se nota que esta casa es un claro ejemplo, porque hay muchos errores arquitectónicos que hacen la vida no tan obvia. Ningún cuarto, nisiquiera el baño, tiene seguro, entonces no le queda a uno más opción que confiar en los anfitriones... Es un ejercicio interesante.

Ayer se conmemoraba el Levantamiento de Varsovia, y estábamos comiendo un helado cuando sonó una sirena y la ciudad se paró por completo como señal de respeto... Hubo después conciertos y cosas aquí en Jaroslaw. Qué nos íbamos a imaginar que llegaríamos en fiesta nacional... Fuimos a un monasterio benedictino muy genial, que es como el centro cultural del pueblo. Los artistas locales exponen sus obras ahí, y hay exposiciones sobre la ciudad en la segunda  guerra mundial, y el Papa Juan Pablo II.

La comida polaca consiste en pan, jamones, papa, verduras, y té. También nos dan muchas golosinas. Como raro para una mamá, doña Bárbara nos ve delgados y nos ha sobrealimentado terriblemente. Patricia se me burla y dice que no voy a poder evitar engordar. No se extrañen si llego repuestica a Colombia, no me la monten.

Ahora nos vamos a Cracovia a conocer. La diferencia horaria ahora es 7 horas más temprano que Bogotá. Es un alivio estar en un país católico otra vez... Algo en el ambiente cambia. Aunque sigue siendo Europa, y no hemos visto que nadie más tome una ducha en estos dos días...

domingo, 3 de julio de 2016

Feliz Cumpleaños y un trasteo

Muchas cosas importantes han pasado esta semana, no sólo el cumplir 25 años. Desde el lunes estuve empacando todas mis posesiones en Southampton con ayuda de Arturo y hoy finalmente me encuentro en un nuevo lugar en la ciudad de Cardiff, donde Arturo vive. 

Llegué a Southampton hace más de 9 meses sin tener donde vivir, y la situación era tan angustiosa que acepté la oferta de acomodación que parecía perfecta sin leer el contrato en lo absoluto. Ví en un principio que lo que me importaba estaba bien, es decir el precio y los beneficios. Todo el costo se dividía en tres cuotas muy razonables que se ajustaban a mi economía, y se incluía un pase de autobús ilimitado. No me fijé en que el contrato era hasta el 1 de Julio, y no pensé que dos semanas antes recibiría un correo que me exigía desalojar antes de las 10 de la mañana del día mencionado. Este contrato les sirve a los estudiantes de pregrado, y a pesar de que ya terminé materias como estudiante de maestría, se supone que debo escribir la tesis durante el verano, por eso los contratos de mis compañeros y de Arturo son hasta Septiembre. Asumí que el mío también lo era. 

Después de que ninguno de mis amigos de Southampton se solidarizara ofreciéndome alguna opción para quedarme en Southampton sin pagar una renta, sabíamos con Arturo que la solución era irme a vivir a Cardiff. Sin embargo el vivir juntos no nos convencía, entre otras cosas porque no podemos hacer caber también todo lo mío en un espacio pensado para una persona. Afortunadamente la capellanía católica de la Cardiff University ofrece acomodación, y pensamos que por caridad me recibirían. En efecto aceptaron darme un cuarto.

Sin embargo, tres días antes de irnos de Southampton a Cardiff, el capellán asistente le preguntó a Arturo cómo prefería yo pagar los costos del alojamiento. Con toda la vergüenza él contestó que mi problema es que no tengo cómo pagar. A Daniel, el asistente, no le pareció problema, pero nos dijo que lo hablaría con el padre. Este padre nos conoce muy bien porque con él tomamos curso prematrimonial. Al día siguiente nos dieron la razón de que tenían un cuarto disponible para mi, pero no en los Halls de la capellanía. Y nos dejaron la dirección.

Así como en muchas universidades de Bogotá, la Cardiff University tiene sus campus; pero para cuestiones administrativas y extras como idiomas, psicología, etc., hay toda una cuadra de casas que la universidad ha comprado para esos fines, pero que siguen siendo las casas, intactas por fuera. La capellanía era inicialmente una de estas casas, antes de que el padre construyera el Newman Hall y pasara su oficina, su biblioteca y su sala común allá. En la antigua capellanía es donde estoy viviendo, porque cuenta con unos cuantos cuartos. 

El 1 de Julio a las 11 de la mañana Arturo y yo salíamos de la St. Margaret's House (donde vivía) en Southampton, con dos maletas de las grandes, dos maletas pequeñas, el teclado en su estuche, una bolsa con implementos de limpieza y de cocina, otra con comida y cada quien con su morral en la espalda, a coger el bus a la estación de tren. Cuando usé mi pase de autobús me di cuenta de que había vencido, venció con el contrato de la manera más puntual y estricta. En la estación de tren sufrimos un ataque de pánico porque no nos acordamos entre mil cosas de anotar el código que se necesitaba para reclamar los tiquetes. Finalmente, ante la perspectiva de pagar la tarifa absurdísima de 70 libras cada pasaje cuando no se compra con anterioridad, rompí en llanto, y sin quererlo conseguí que nos dejaran subir al tren bajo la palabra de que allá en Cardiff conseguiríamos conectarnos a internet para comprobar que si adquirimos los pasajes. 

La casa en la que vivo tiene la fachada abandonada: el jardín está muy crecido y la puerta está sucia de tierra, basura y con telarañas. Al entrar con Arturo nos dimos cuenta de que por lo menos ha estado abandonada todo el año académico. La suciedad, el polvo y el encierro le dieron a Arturo muchísima alergia, tanta que ahora estamos pensando que es más bien gripa. Todos los baños están bien malucos. Mi cuarto estaba más o menos limpio, pero olía muy extraño y es muy pequeño, con muy pocos espacios para guardar, y no tengo baño propio, nisiquiera lavamanos como en el otro. No voy a negar que me decepcioné mucho, hasta que me di cuenta que no tengo derecho a exigir, me están alojando sin ningún costo... Es un buen ejercicio espiritual. 

Hoy mientras yo desempacaba por completo, Arturo aspiró los dos últimos pisos. Yo vivo en el último. Otro día, que no sabemos cuál será, nos dedicaremos al primer piso y a la fachada. No tenemos muchas ganas de hacerlo pronto. Hoy terminé de instalarme, y logré darle al cuartico mi toque. Eso sí, dejé una maleta sin desempacar, porque no tengo donde poner las cosas. Voy a tener que tocar teclado sobre la cama cuando quiera hacerlo. Mi comida, implementos de cocina y loza van a quedarse donde Arturo, porque comeremos allá siempre. Les adjunto unas fotos de como quedó mi humilde morada: 

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Debo ir a Southampton dos veces este mes, sola porque no nos alcanza para que venga Arturo. Luego, iremos los dos a Polonia a visitar a Patricia durante los primeros 10 días de Agosto, y volveremos aquí. Por último viajaremos a Colombia el 3 de Septiembre, desde donde yo terminaré y entregaré mi tesis. 

domingo, 12 de junio de 2016

El verano


Decidí seguir adelante con mi tesis y terminar la maestría. No fue un proceso fácil, y tuve que reflexionar mucho, incluso sobre quién soy. Me convenció el hecho de que este es un último paso, y realmente lo peor ya pasó. Mi asesor me confirmó que el tema sigue siendo viable, entonces no hay tiempo que perder.

Les comento que la crisis coincidió con una temporada de frío y oscuridad que desconcierta a cualquiera, ¡después de que la primavera había sido tan bella y reconfortante! Afortunadamente el verano comenzó hace un par de semanas.

La temperatura ha oscilado entre los 15 y los 21 grados centígrados, es decir, entre Bogotá y un día fresco de Villeta, sin embargo, los británicos ya se empelotaron. No estoy exagerando. Las mujeres salen prácticamente desnudas a la calle, hay unas modas que jamás había visto, como escotes en los lugares más rebuscados. Lo grave del asunto es que estas mujeres pueden ser de cualquier edad, gordas y tener las piernas llenas de celulitis, no les importa. Todo el mundo anda en sandalias, también los hombres, pero los pies los tienen sucios sin arreglar, con uñas horribles. He buscado sandalias para mi, por si acaso se hacen necesarias, pero mi talla en este país es muy pequeña y los diseños que hay son para pies gruesos, mi pie delgado y puntudo no se luce con ningún modelo. ¡Y pensar que mis sandalias de Colombia eran preciosísimas! Ya empezaron a sentirse los olores más fuerte, no sólo de las personas sino de las calles. Por ahí se cruza uno con los mismos mochileros franceses u holandeses apestosos que se ven allá en Colombia.

Arturo y yo nos sentimos extraños porque no es suficiente el calor aún para lo que vemos, y el helado británico es muy feo y caro. Es como si no supieran vivir el verano, viven una caricatura de lo que es cotidiano en el trópico. Ha habido festivales de música, borrachos al mediodía, calles hechas basureros por montones y fiestas con excesos que no había visto en Bogotá en pleno espacio público y horario familiar, sin advertencia... Como para no criar hijos aquí, de verdad. 

Sin embargo, las personas se ven relajadas, más sueltas, y dentro de ese marco he entablado mi primera amistad con un británico. Lástima que ya para el final. Yo misma me siento aún más segura y accesible cuando no estoy tiritando, y se puede estar afuera todo el día, incluso en las noches, que son bellísimas. 

Hay un par de playas cerca, pero me han dicho que no importa la temperatura, el mar siempre es demasiado frío para meterse a nadar. Los nativos lo hacen, esto me lo dijo un extranjero. No lo haré yo porque ni siquiera tengo vestido de baño, pero tal vez meta los pies para activar mi circulación o algo. En dos meses iremos a Polonia y parece que allá es más agradable aún el verano.

lunes, 30 de mayo de 2016

Cerezas para el pastel

Han pasado 10 días desde mi última entrada, pero no ha cambiado mucho la situación: sigue tratándose aquel "pastel" de frustración al que ahora le pondré unas cuántas "cerezas". 

Los días se me pasan lento y se hacen largos, efecto acentuado por la luz del sol que comienza temprano y se va alrededor de las 9 de la noche. Todos los días salgo a ensayo de los dos coros en los que estoy o a Misa. La ópera en la que iba a cantar la cancelaron. Estando en casa, cocinar y los quehaceres como lavar la ropa, la loza y limpiar el cuarto, me distraen y me levantan el ánimo. De resto, he tejido mucho. Afortunadamente tuve pedidos: Un conejo tejido para Patricia, que por supuesto no le cobraré, un poncho para una señora que aún no me ha pagado, una balaca y una bolsita para una amiga chilena que me los va a intercambiar por otra artesanía. También canto, y he compuesto mucho, lo cuál ya es bastantísimo consuelo.

He dejado un poco el Netflix, y me he hecho aficionada a un predicador católico de YouTube y a un programa español en el que se habla de actualidad desde una perspectiva católica. También se me dio por comenzar a ver un montaje de "La zapatera prodigiosa", por lo que mi tesis es sobre Federico García Lorca. Lamentablemente, viendo el video me di cuenta de que mi tesis es aún más inviable. No explicaré porqué técnicamente, pero también está el hecho de que no tengo cómo viajar a España en busca de fuentes, no tengo el dinero...  El problema de siempre. 

Hoy se me dio por revisar el contrato de mi alojamiento, y vence el 1 de Julio, lo cual me da un mes más. Obviamente no me iré antes del concierto de la Choral Society que es el 2, pero aunque consiga donde quedarme unos días, debo estar saliendo de este país a mediados de Julio. No creo que consiga trabajo en lo que queda de tiempo, además me tocaría gastar mi salario en vivir maltrechamente pagando un nuevo lugar, en vez de ahorrar, porque la visa sólo me deja trabajar medio tiempo. Quería ir con Patricia a Polonia este verano, pero me parece que no me va a alcanzar para los dos pasajes, así que me verán de nuevo muy pronto. Cuando estábamos comentando esto con Arturo, nos dio muchísima tristeza el hecho de que no turisteamos aquí, no conocimos Escocia, no fuimos a Europa, no comimos en esas pastelerías elegantes de Londres a la hora del té. Arturo preguntó "¿Qué sueño cumplimos?". No supe qué responder...

"Cumple tus sueños". Muchas personas respondieron a mi momento de crisis animándome a que no abandone mis sueños. Lo veo difícil, porque ser musicóloga no era mi sueño. Mi verdadero sueño de vida yacía siempre tan escondido pero tan obvio, aferrándose a mi corazón con determinación. Ese sueño no se desvanece, a pesar de las excusas con que lo golpeo como que no soy lo suficientemente hermosa, o carismática, o que no tengo un sintetizador. Lo decidí ignorar porque me sentía fea y sin talento. Pero al estar aquí, respondiéndome sólo a mi, me di cuenta de que el tiempo corre y yo debo hacer todo lo posible por cumplirlo. 

Mi sueño al venir aquí no era convertirme en maestra en musicología, era salir del país, cambiar de ambiente, re encontrarme con mi creatividad y superar una crisis que comenzó en el 2013. La musicología sólo fue la vía más fácil que vi, sobretodo porque necesitaba mejorar mis posibilidades de empleo. Sin embargo aquí estoy, a un pelo de no terminar la maestría. 

Cuando vi la fecha en la que acaba el contrato de la acomodación, pensé de repente que todo apuntó a este final, desde el día en que llegué a las malas a buscar donde vivir. Es providencial que me quede el dinero preciso para vivir este mes, pagar el tiquete de avión e irme cuando me tocaba de todas formas. ¿A qué llegaré a Colombia? Empezaré a buscar trabajo desde aquí, aunque eso no le quita la incertidumbre y la zozobra financiera, pero mi viaje personal, espiritual y creativo sigue. Arturo se devolverá después, pues tiene que conseguir trabajo aquí como sea para pagar la deuda que tiene con su alojamiento, pero su contrato es hasta Septiembre. Hasta Julio irán entonces nuestros esfuerzos por no estar separados. Nos esperaremos desde distintos continentes. 



viernes, 20 de mayo de 2016

Gloomy Mood

Estoy aquí sentada frente al escritorio con una batalla tremenda en mi interior. 

El lado izquierdo de mi cuello y espalda están con dolor desde hace una semana, y desde hace dos días, el dolor me ha cogido el brazo izquierdo. No he tenido más opción que hacer como si no pasara nada, pero la verdad es que es bastante molesto porque yo soy zurda.

En 5 días es nuestro aniversario de novios con Arturo. Él va a venir a Southampton, y por primera vez en 8 meses, vamos a comer en un restaurante que no sea Subway o McDonald's, en un verdadero restaurante británico. Acordamos cuál iba a ser desde Diciembre y guardamos un presupuesto. Sin embargo, no siento ganas de celebrar en absoluto...

Recibí hace un momento un correo que decía que no me dieron el trabajo al que apliqué hace poco. Estos fracasos no se vuelven rutina, de ninguna manera te acostumbras a ilusionarte, pensar que para esta aplicación ya has aprendido y que esta vez si te tomarán en cuenta, y luego ver que no sucedió. Esto quiere decir que pasó otro mes en el que no recibí un salario, un mes en el que gasté lo menos que pude, siendo mi único lujo ir a verlo a él. Hace una semana también fui a comprarme una blusa bonita para ponerme ese día, porque no alcanzaba el dinero para vestido. Desde Abril el dinero no alcanza, ya pasó más de la mitad del año, y como no recibo ingresos, no he podido compensar los gastos que hice pensando en que seguro iba a tener trabajo para Mayo.

Mayo era un mes coyuntural desde aquella noche en que Arturo y yo decidimos que queríamos casarnos en Octubre. Hicimos cuentas de que en Mayo los preparativos debían comenzar, para Mayo diríamos a nuestras familias que había que ir empezando con lo que es a largo plazo, como mi vestido. Soñaba con que me tomaría yo misma las medidas, si acaso mediante video-llamada, para que la costurera me indicara bien cómo medirme. Pensábamos que para este mes por lo menos no estaríamos careciendo de lo que necesario, que es lo que por ejemplo le pasa a Arturo, que debe su alojamiento porque literalmente nunca tuvo ese dinero y contaba con trabajar. 

Creía yo también que para Mayo ya le habría cogido más práctica a la maestría y que tendría la tesis planeada y aprobada. Esto no se cumple tampoco. Después del fiasco de presentación de mi plan de tesis que tuve hace tres días, vuelvo a sentirme como cuando llegué, como más tarde en Diciembre: En el lugar equivocado. ¿No sería mejor ahorrarme toda esta humillación? Ayer Valeria, mi consejera académica, me dijo que tengo que trabajar el doble que los demás porque pienso de manera muy poco práctica y me hace falta método, sobretodo método científico. Claro que me hace falta, si yo nunca quise ser científica... Contemplamos entre las dos mis opciones, y entre ellas está el no hacer la tesis y por lo tanto no obtener el título de Maestra. 

Y en este punto, no me importaría. Si entre más me conozco más me doy cuenta de que no quiero ejercer la musicología, si ya en Diciembre sabía que esto no es para mi... ¿Cómo puedo adquirir competencias que no tengo y forzar una perspectiva y un enfoque específico que no tengo? A veces miro mi vida en retrospectiva y me doy cuenta de cuánto me he esforzado por adaptarme a una vida ordinaria, a procesos ordinarios, que nunca me salen bien... Cuando he sido realmente feliz es porque he optado por lo diferente, inesperado, alguien podría decir que por lo inefectivo o no práctico, como estudiar la carrera de música. ¿Cómo puedo adquirir eso que no tengo? Sinceramente, nunca me ha interesado adquirirlo. 

Valeria me ha dado unos días para tomar la decisión de si quiero o no presentar la tesis y obtener el diploma. Para Arturo es impensable el decir que no, porque significaría que me rendí, que me dejé aplastar... Ahora mismo pienso que decir que no implicaría que puedo recomenzar, salir de esta situación precaria y comenzar de nuevo; ya que la experiencia no ha sido perdida. Si en mi desesperación por mejorar mis opciones profesionales no habría escogido lo que era más fácil en ese momento, es decir escribir un ensayo para aplicar a musicología, no habría salido del país, no habría vivido sola y alcanzada económicamente, no habría puesto a la mayor de las pruebas nuestro amor con Arturo, y no me habría visto como debía verme... No me habría reconciliado conmigo y con la música. 


jueves, 21 de abril de 2016

Palabras sobre música

He escrito bastante sobre temas de la vida cotidiana, así que voy a aprovechar que ya llevo aquí poco más de 6 meses para escribir sobre la razón por la realmente me vine: para hacer una maestría en Musicología.

Son contadas las personas que saben qué es la musicología. Yo la definí muchas veces como la ciencia de la música, investigar sobre cuestiones como teoría e historia, y no es mentira. Sin embargo, en la primera clase de una materia, el profesor nos definió la musicología como words about music, es decir escribir sobre música. La idea me fascinó, y sentí aún más simpatía por este campo, pues es evidente que a mi me encanta escribir, y qué mejor que aprender a escribir sobre mi profesión. 

Empecé a ver la materia mencionada este segundo semestre. En el primer semestre aprendí a hacer análisis musical riguroso, ejercité mi investigación de archivo y aprendí acerca de los campos de la música en los que se puede hacer investigación. Fue verdaderamente interesante, aunque no me fue tan bien como se esperaría, y resultó que en comparación con mis compañeros yo tenía una desventaja enorme en un aspecto: vocación para la investigación.

Puede sonarles extraño eso de que yo no tenga vocación para la investigación, después de que me ha ido muy bien en esta disciplina desde el colegio. Tengo muy buena disposición para sentarme a leer horas y una moderada dotación de curiosidad, entonces ¿Cuál ha sido mi problema? Debo ir atrás para contextualizar.

Elegir la carrera de música, ser cantante, y luego elegir el énfasis de composición, no fue en ningún momento un error. Mis decisiones fueron muy acertadas, aunque no siempre lo vi así. Precisamente no lo veía así después de 6 meses de haber recibido el diploma del pregrado, cuando mi creatividad para componer estaba bloqueada por exceso de amor propio al igual que mi confianza como cantautora: No soportaba no hacer las cosas perfectas en el instante. Sabía que, a falta de trabajo, hacer mis estudios de posgrado era el siguiente paso, pero con la confianza tan baja en mis habilidades vocales y un impedimento psicológico para componer, decidí que lo más fácil era aplicar a Musicología, cuyo requisito era un ensayo. Me he encontrado con que muchas personas del edificio en el que vivo están estudiando lo que estudian porque fue lo que consideraron más fácil. Pensé además que la musicología me iba a obligar a adquirir el conocimiento del que carecía para impulsar mi composición. El resto de la historia ya se conoce: hice todo lo necesario y finalmente emprendí mis estudios. 

No obstante hubo ciertas diferencias que sobresalieron cuando comencé a interactuar con mis classmates: La primera es que todos tenían ya experiencia como teóricos, gestores o investigadores musicales, en vez de experiencia como músicos de campo como yo. Segundo, ellos ya sabían con toda certeza cuál iba a ser su tesis de maestría, yo apenas traía una idea sin desarrollar. Tercero, habían elegido la universidad de acuerdo a los expertos que enseñan aquí en la University of Southampton, quienes podían ayudarles a sacar el mejor resultado en sus investigaciones. No había pasado ni un mes cuando yo me di cuenta de que no podía desarrollar el tema que había traído como idea de tesis debido a que no había profesor especializado en mi campo que me pudiese ayudar. 

Resumiendo un poco, me tropecé con mi falta de metodología y de conocimiento, con el enfoque eurocentrista, y para Diciembre del año pasado yo estaba al borde del pánico, pensando que debía encontrar la forma de abandonar, de no seguir con esto que sentía no era para mí. Para muchos de mis trabajos leí bastante sobre compositores, sobre todo españoles, y me di cuenta de que rara vez hay prodigios como Mozart, y que la composición y la interpretación son un proceso en el si no se es bueno en un principio, se mejora estudiando y practicando. Entendí lo que debía hacer, y compré un teclado para practicar mi técnica de piano y mi composición, y de paso ahogar mis frustraciones. Para Enero había superado las malas emociones para forzarme a entregar los trabajos, y pasé el semestre. 

La primavera comenzó hace poco y con ella mi ánimo cambió radicalmente. Me sentí con fuerza y disposición para terminar lo que empecé, y sin ponerle mucho corazón, me he dispuesto a estudiar y a buscar trabajo, todo como parte de una rutina en la que me sumo y me satisface. 

La semana pasada hubo un taller para aprender a escribir Notas al Programa, es decir, programas de conciertos. Siempre me ha encantado esta parte y es una de las razones por las que también elegí la musicología. Sin embargo me sorprendí al darme cuenta de que la crítica musical y escribir programas son oficios que los musicólogos repudian, por el grado de subjetividad que requieren. ¡CLARO! Pensé. Si la persona que leyó mi ensayo de aplicación al crédito de Colfuturo era musicólogo, con toda razón me dio un puntaje tan bajo, pues yo hice énfasis en que quería desempeñarme de estas dos formas. Quienes hacen esto son los periodistas culturales. Qué ironía, yo que había querido hacer la especialización en periodismo cultural antes de comenzar esto...

La musicología es, después de todo, Academia. Es hacer ciencia del arte de la música, completamente objetivo, metodológico, frío, positivista. Y no es secreto para nadie que yo soy una romántica empedernida. Disfruto leer, escribir y aprender, pero hay una naturaleza innegablemente creativa y excéntrica en mí que no me puedo dar el lujo de reprimir. Mi vocación no es de investigadora, mi vocación es de música, seguramente también de escritora de palabras sobre música, pero no científicas. Tenía que hacer este viaje para darme cuenta. 

Profesionalmente, es una ganancia tener título de musicóloga, y ejerceré la musicología mientras encuentro la forma de vivir de mi vocación.