miércoles, 17 de agosto de 2016

Balance del año académico - De vuelta a casa


De este sábado en 15 viajo de vuelta a Colombia, y como son dos semanas de escribir la tesis y prácticamente de trasteo, aprovecho hoy para escribir esta última entrada de esta aventura haciendo la maestría. Se trata de un balance o reflexión punto por punto como está de moda en los textos de internet, que quiero compartir con ustedes.

1. Quien se fue de Colombia.

La persona que se fue de Colombia era una persona desesperada y temerosa. Hacía mucho tiempo que mi desesperación era constante, exactamente desde el año en el que escribí mi tesis de pregrado. Necesitaba empezar a producir dinero rápidamente, pero a la vez no sabía cómo hacerlo. Salí de Colombia porque esta fue la opción que encontré más razonable para conseguir un trabajo más adelante y una estabilidad financiera. Paradójicamente los musicólogos son aun menos necesarios que los músicos según mis búsquedas de empleo recientes; y mi hoja de vida me hace más apta para audicionar como cantante en el Cirque Du Solei que para dar una cátedra en una universidad.

2. La supervivencia.

En la vida práctica, yo que pensé que no sabía mover ni un dedo, pero resulté incluso buena cocinera. La forma en que administré mis asuntos domésticos me subió la autoestima de un modo que nunca esperé. Crear los hábitos no fue difícil, lo difícil fue entender que la plata es para acabársela... No se imaginan lo duro que me daba ver cómo el dinero se iba en mercado, cuotas de las residencias, fotocopias y viajes a Carfiff... Estaba acostumbrada a que el dinero se me iba en transporte y en gustos en Bogotá... Mi poquísimo dinero de profesora de canto... Y siempre quedaba como ahorrar. Me temo que no me fue posible ahorrar aquí, sobretodo sin empleo.

3. La frustración real.

Mis frustraciones en Bogotá por la falta de empleo y el bloqueo creativo, no se comparan con la frustración de no conseguir un empleo que de verdad creía necesitar, para ayudarme en mi mantenimiento y pagar una deuda. El estrés se hizo crónico en algún momento con pocas posibilidades de desahogarlo. Mi hoja de vida no me califica para casi ningún oficio menor, y Southampton es una ciudad muy pequeña con muchos británicos, gringos, europeos, indios, musulmanes, negros y chinos que tienen sus roscas y de los que se sabe más qué esperar, que de un latinoamericano. En contra de la lógica mis esfuerzos por encontrar un trabajo fracasaron uno tras otro, a pesar de que constantemente estuve cambiando mi estrategia.

4. El "racismo" en la academia.

En mi maestría había mayoría de británicos, un par de gringos, un par de chinos y yo. Llamé bastante la atención, y sí que me tocó ver cómo es la ignoracia sobre nuestro continente y país entre académicos. En contenidos no llegué atrasada, pero el inglés me hizo trabajar el doble de duro. De entrada llegué a chocar con el profesorado, pues me obligaban a hacer etnomusicología, en vez de musicología, porque la musicología sólo es para Europa, los demás somos las otra exóticas etnias; y aunque logré hacer musicología, no pude hacer lo que me propuse al ser aceptada en la maestría.

5. Las grandes amistades.

Hice grandes amigos en la maestría que me apoyaron en los momentos más duros y secundaron mis quejas contra la sutil xenofobia de los profesores. Estos fueron los gringos Elizabeth y Collin y la británica Katy. También me hice muy cercana a Liya Mao en mi flat y a Patricia gracias al idioma español. Pero los mejores amigos fueron los que hice en mi parroquia, las personas que conocí en Dios, que como siempre, no me defrauda. Rosana Orlando me prestó dinero cuando fue necesario, Jochen me llevó a cantar a un coro y me invitó a comer en su casa numerosas veces, Edward me mostró la cara simpática de los nativos de este país, sin mencionar a los integrantes del coro de parroquia, personas hermosas.

6. Agitada dentro de una gran mano.

La mayor parte de este año fui un pájaro nervioso, con el corazón palpitando a toda velocidad, dentro de la gran mano de Dios, que siempre me sostuvo. Ahora que se acabó el tiempo y miro hacia atrás, veo que a pesar de mis angustias, pude vivir aun sin trabajo, pasé todas mis materias con buenas notas y mi creatividad se desbloqueó. La liturgia de las horas diaria me ayudó a soportar cada día de clase sin quebrarme, y horas ante el Santísimo me consolaron en la desesperación financiera. A pesar de la perspectiva de incertidumbre al regresar a Colombia, hay un fondo de paz porque he vivido en carne propia que:

Es inútil que madruguéis,
que veléis hasta muy tarde,
que comáis el pan de vuestros sudores:
¡Dios lo da a sus amigos mientras duermen!

7. Probando el amor verdadero.

No es necesario dar detalle en este punto: Arturo y yo seguimos juntos y firmes en nuestra decisión de casarnos. La distancia, la austeridad, la incertidumbre, todo ello ha fortalecido nuestra relación. La autonomía de la que gozamos hizo madurar nuestro noviazgo a pasos agigantados, ya que tuvimos que respondernos a nosotros mismos y a Dios directamente, a nadie más...

8. Me conocí.

Estando aquí sola, esforzándome y saboreando fracasos y pequeñas victorias, me he conocido como nunca. Hay algo maravilloso en sólo responderse a uno mismo que sólo funciona a partir de esta edad, en la que uno sabe que las cosas tienen que hacerse bien. Conocí los tiempos que me tomo en las actividades cotidianas, construí mis hábitos, distinguí vicios y busqué corregirlos. Lo mejor fue que no me comparé con nadie en este tiempo, sólo fui auténticamente yo... Tal vez como mujer uno depende mucho de compararse con los padres, las hermanas, los primos, los hijos de los amigos de los padres y familiares, los compañeros de colegio, de universidad, etc. Habiendo olvidado que tenía que compararme, mi bloqueo creativo se desvaneció poco a poco, y me concentré en profundizar en mi identidad, en temas como mi herencia española, en mi muy peculiar estilo al personalizar todas mis cosas, y en la busqueda de lo realmente quiero hacer.

9. La persona que vuelve.

No sé quien volverá, no sé si algo cambió en mi exterior, además de que gané peso y me corté el pelo porque Arturo me trasquiló en otro día. No sé cómo será el trato, no sé si mi mirada está distinta, no sé nada. No llego con la vida solucionada, y me duele porque al parecer mi matrimonio quedará embolatado otra vez. Yo solo sé que llegó feliz de ver a mis seres queridos de nuevo, y vuelvo con la resolución de hacer y hacer. Así no me empleen para escribir, cantar o componer, llegaré a escribir, cantar y componer, buscando hasta que algo salga. Por aquí debí haber empezado al graduarme, pero no lo hice y necesité un año afuera para darme cuenta.


He enviado muchas hojas de vida últimamente, a la vez que trabajo en mi tesis y vivo... Inglaterra no es un país para criar hijos, pero si es un país excelente para vivir solo. En no mucho tiempo también seré independiente en Colombia, pero esa es otra historia que apenas comienza... Pensemos por ahora en que pronto nos veremos.

sábado, 13 de agosto de 2016

Paseo a Polonia

He venido a Polonia a visitar a la amiga más cercana que me hice en Inglaterra: Patricia. Ella estudia español y alemán en Southampton, nos hicimos amigas porque ella me pidió que la ayudara con su español simplemente conversando con ella periódicamente, es decir, lo que uno hace con los amigos.

Nos llevamos magníficamente y nos veíamos cada semana, por eso heme aquí con Arturo en la casa de su familia en este pueblito cerca de Cracovia.

Este es apenas mi segundo día aquí y ya he tenido un par de aventuras. Lo primero fue que en el bus camino al aeropuerto en Londres, quedamos atrapados más de una hora en un trancón en la mitad de la ciudad. Y uno se quejaba de Bogotá... Llegamos al aeropuerto con el tiempo justo, y nos subimos a un avión ocupado por gente polaca casi en su totalidad, y como única persona no blanca, estaba yo. Contrasto muchísimo con su fenotipo.

El viaje fue cortico, y finalmente llegamos a Cracovia donde Patricia y su papá nos estaban esperando, la noche del domingo. Los papás de Patricia no hablan inglés, ni menos español. Los hermanitos de 6 y 4 años tampoco, obviamente, pero el niño más pequeño conversa mucho conmigo, y le dice a Patricia que él me entiende todo lo que digo... Es lo más tierno del mundo. A pesar de este problema nos hemos comunicado bastante con señas y la aplicación de traducción del iPad y el celular de Arturo. Es una familia muy amorosa y sencilla.

El papá de Patricia es dueño de un almacén de mascotas, y también entrena pastores alemanes para concursos y para la policía del pueblo. Aquí mismo tienen cinco perros. La mamá, que es muy joven, es ama de casa. Sabíamos que veníamos a vivir en una casa grande de campo, y estábamos contentos de que alguien cocinara para nosotros y de tener espacios limpios. Lo que no nos imaginamos es que iba a haber un baño para las 7 personas que estamos. Ayer conocimos a un español casado con una polaca y nos contó que a los hombres polacos les encanta hacer todo por sí mismos: arreglar sus propios carros y aparatos, cultivar sus propias verduras, hacer su propio pan, y construir sus propias casas. Se nota que esta casa es un claro ejemplo, porque hay muchos errores arquitectónicos que hacen la vida no tan obvia. Ningún cuarto, nisiquiera el baño, tiene seguro, entonces no le queda a uno más opción que confiar en los anfitriones... Es un ejercicio interesante.

Ayer se conmemoraba el Levantamiento de Varsovia, y estábamos comiendo un helado cuando sonó una sirena y la ciudad se paró por completo como señal de respeto... Hubo después conciertos y cosas aquí en Jaroslaw. Qué nos íbamos a imaginar que llegaríamos en fiesta nacional... Fuimos a un monasterio benedictino muy genial, que es como el centro cultural del pueblo. Los artistas locales exponen sus obras ahí, y hay exposiciones sobre la ciudad en la segunda  guerra mundial, y el Papa Juan Pablo II.

La comida polaca consiste en pan, jamones, papa, verduras, y té. También nos dan muchas golosinas. Como raro para una mamá, doña Bárbara nos ve delgados y nos ha sobrealimentado terriblemente. Patricia se me burla y dice que no voy a poder evitar engordar. No se extrañen si llego repuestica a Colombia, no me la monten.

Ahora nos vamos a Cracovia a conocer. La diferencia horaria ahora es 7 horas más temprano que Bogotá. Es un alivio estar en un país católico otra vez... Algo en el ambiente cambia. Aunque sigue siendo Europa, y no hemos visto que nadie más tome una ducha en estos dos días...

domingo, 3 de julio de 2016

Feliz Cumpleaños y un trasteo

Muchas cosas importantes han pasado esta semana, no sólo el cumplir 25 años. Desde el lunes estuve empacando todas mis posesiones en Southampton con ayuda de Arturo y hoy finalmente me encuentro en un nuevo lugar en la ciudad de Cardiff, donde Arturo vive. 

Llegué a Southampton hace más de 9 meses sin tener donde vivir, y la situación era tan angustiosa que acepté la oferta de acomodación que parecía perfecta sin leer el contrato en lo absoluto. Ví en un principio que lo que me importaba estaba bien, es decir el precio y los beneficios. Todo el costo se dividía en tres cuotas muy razonables que se ajustaban a mi economía, y se incluía un pase de autobús ilimitado. No me fijé en que el contrato era hasta el 1 de Julio, y no pensé que dos semanas antes recibiría un correo que me exigía desalojar antes de las 10 de la mañana del día mencionado. Este contrato les sirve a los estudiantes de pregrado, y a pesar de que ya terminé materias como estudiante de maestría, se supone que debo escribir la tesis durante el verano, por eso los contratos de mis compañeros y de Arturo son hasta Septiembre. Asumí que el mío también lo era. 

Después de que ninguno de mis amigos de Southampton se solidarizara ofreciéndome alguna opción para quedarme en Southampton sin pagar una renta, sabíamos con Arturo que la solución era irme a vivir a Cardiff. Sin embargo el vivir juntos no nos convencía, entre otras cosas porque no podemos hacer caber también todo lo mío en un espacio pensado para una persona. Afortunadamente la capellanía católica de la Cardiff University ofrece acomodación, y pensamos que por caridad me recibirían. En efecto aceptaron darme un cuarto.

Sin embargo, tres días antes de irnos de Southampton a Cardiff, el capellán asistente le preguntó a Arturo cómo prefería yo pagar los costos del alojamiento. Con toda la vergüenza él contestó que mi problema es que no tengo cómo pagar. A Daniel, el asistente, no le pareció problema, pero nos dijo que lo hablaría con el padre. Este padre nos conoce muy bien porque con él tomamos curso prematrimonial. Al día siguiente nos dieron la razón de que tenían un cuarto disponible para mi, pero no en los Halls de la capellanía. Y nos dejaron la dirección.

Así como en muchas universidades de Bogotá, la Cardiff University tiene sus campus; pero para cuestiones administrativas y extras como idiomas, psicología, etc., hay toda una cuadra de casas que la universidad ha comprado para esos fines, pero que siguen siendo las casas, intactas por fuera. La capellanía era inicialmente una de estas casas, antes de que el padre construyera el Newman Hall y pasara su oficina, su biblioteca y su sala común allá. En la antigua capellanía es donde estoy viviendo, porque cuenta con unos cuantos cuartos. 

El 1 de Julio a las 11 de la mañana Arturo y yo salíamos de la St. Margaret's House (donde vivía) en Southampton, con dos maletas de las grandes, dos maletas pequeñas, el teclado en su estuche, una bolsa con implementos de limpieza y de cocina, otra con comida y cada quien con su morral en la espalda, a coger el bus a la estación de tren. Cuando usé mi pase de autobús me di cuenta de que había vencido, venció con el contrato de la manera más puntual y estricta. En la estación de tren sufrimos un ataque de pánico porque no nos acordamos entre mil cosas de anotar el código que se necesitaba para reclamar los tiquetes. Finalmente, ante la perspectiva de pagar la tarifa absurdísima de 70 libras cada pasaje cuando no se compra con anterioridad, rompí en llanto, y sin quererlo conseguí que nos dejaran subir al tren bajo la palabra de que allá en Cardiff conseguiríamos conectarnos a internet para comprobar que si adquirimos los pasajes. 

La casa en la que vivo tiene la fachada abandonada: el jardín está muy crecido y la puerta está sucia de tierra, basura y con telarañas. Al entrar con Arturo nos dimos cuenta de que por lo menos ha estado abandonada todo el año académico. La suciedad, el polvo y el encierro le dieron a Arturo muchísima alergia, tanta que ahora estamos pensando que es más bien gripa. Todos los baños están bien malucos. Mi cuarto estaba más o menos limpio, pero olía muy extraño y es muy pequeño, con muy pocos espacios para guardar, y no tengo baño propio, nisiquiera lavamanos como en el otro. No voy a negar que me decepcioné mucho, hasta que me di cuenta que no tengo derecho a exigir, me están alojando sin ningún costo... Es un buen ejercicio espiritual. 

Hoy mientras yo desempacaba por completo, Arturo aspiró los dos últimos pisos. Yo vivo en el último. Otro día, que no sabemos cuál será, nos dedicaremos al primer piso y a la fachada. No tenemos muchas ganas de hacerlo pronto. Hoy terminé de instalarme, y logré darle al cuartico mi toque. Eso sí, dejé una maleta sin desempacar, porque no tengo donde poner las cosas. Voy a tener que tocar teclado sobre la cama cuando quiera hacerlo. Mi comida, implementos de cocina y loza van a quedarse donde Arturo, porque comeremos allá siempre. Les adjunto unas fotos de como quedó mi humilde morada: 

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Debo ir a Southampton dos veces este mes, sola porque no nos alcanza para que venga Arturo. Luego, iremos los dos a Polonia a visitar a Patricia durante los primeros 10 días de Agosto, y volveremos aquí. Por último viajaremos a Colombia el 3 de Septiembre, desde donde yo terminaré y entregaré mi tesis. 

domingo, 12 de junio de 2016

El verano


Decidí seguir adelante con mi tesis y terminar la maestría. No fue un proceso fácil, y tuve que reflexionar mucho, incluso sobre quién soy. Me convenció el hecho de que este es un último paso, y realmente lo peor ya pasó. Mi asesor me confirmó que el tema sigue siendo viable, entonces no hay tiempo que perder.

Les comento que la crisis coincidió con una temporada de frío y oscuridad que desconcierta a cualquiera, ¡después de que la primavera había sido tan bella y reconfortante! Afortunadamente el verano comenzó hace un par de semanas.

La temperatura ha oscilado entre los 15 y los 21 grados centígrados, es decir, entre Bogotá y un día fresco de Villeta, sin embargo, los británicos ya se empelotaron. No estoy exagerando. Las mujeres salen prácticamente desnudas a la calle, hay unas modas que jamás había visto, como escotes en los lugares más rebuscados. Lo grave del asunto es que estas mujeres pueden ser de cualquier edad, gordas y tener las piernas llenas de celulitis, no les importa. Todo el mundo anda en sandalias, también los hombres, pero los pies los tienen sucios sin arreglar, con uñas horribles. He buscado sandalias para mi, por si acaso se hacen necesarias, pero mi talla en este país es muy pequeña y los diseños que hay son para pies gruesos, mi pie delgado y puntudo no se luce con ningún modelo. ¡Y pensar que mis sandalias de Colombia eran preciosísimas! Ya empezaron a sentirse los olores más fuerte, no sólo de las personas sino de las calles. Por ahí se cruza uno con los mismos mochileros franceses u holandeses apestosos que se ven allá en Colombia.

Arturo y yo nos sentimos extraños porque no es suficiente el calor aún para lo que vemos, y el helado británico es muy feo y caro. Es como si no supieran vivir el verano, viven una caricatura de lo que es cotidiano en el trópico. Ha habido festivales de música, borrachos al mediodía, calles hechas basureros por montones y fiestas con excesos que no había visto en Bogotá en pleno espacio público y horario familiar, sin advertencia... Como para no criar hijos aquí, de verdad. 

Sin embargo, las personas se ven relajadas, más sueltas, y dentro de ese marco he entablado mi primera amistad con un británico. Lástima que ya para el final. Yo misma me siento aún más segura y accesible cuando no estoy tiritando, y se puede estar afuera todo el día, incluso en las noches, que son bellísimas. 

Hay un par de playas cerca, pero me han dicho que no importa la temperatura, el mar siempre es demasiado frío para meterse a nadar. Los nativos lo hacen, esto me lo dijo un extranjero. No lo haré yo porque ni siquiera tengo vestido de baño, pero tal vez meta los pies para activar mi circulación o algo. En dos meses iremos a Polonia y parece que allá es más agradable aún el verano.

lunes, 30 de mayo de 2016

Cerezas para el pastel

Han pasado 10 días desde mi última entrada, pero no ha cambiado mucho la situación: sigue tratándose aquel "pastel" de frustración al que ahora le pondré unas cuántas "cerezas". 

Los días se me pasan lento y se hacen largos, efecto acentuado por la luz del sol que comienza temprano y se va alrededor de las 9 de la noche. Todos los días salgo a ensayo de los dos coros en los que estoy o a Misa. La ópera en la que iba a cantar la cancelaron. Estando en casa, cocinar y los quehaceres como lavar la ropa, la loza y limpiar el cuarto, me distraen y me levantan el ánimo. De resto, he tejido mucho. Afortunadamente tuve pedidos: Un conejo tejido para Patricia, que por supuesto no le cobraré, un poncho para una señora que aún no me ha pagado, una balaca y una bolsita para una amiga chilena que me los va a intercambiar por otra artesanía. También canto, y he compuesto mucho, lo cuál ya es bastantísimo consuelo.

He dejado un poco el Netflix, y me he hecho aficionada a un predicador católico de YouTube y a un programa español en el que se habla de actualidad desde una perspectiva católica. También se me dio por comenzar a ver un montaje de "La zapatera prodigiosa", por lo que mi tesis es sobre Federico García Lorca. Lamentablemente, viendo el video me di cuenta de que mi tesis es aún más inviable. No explicaré porqué técnicamente, pero también está el hecho de que no tengo cómo viajar a España en busca de fuentes, no tengo el dinero...  El problema de siempre. 

Hoy se me dio por revisar el contrato de mi alojamiento, y vence el 1 de Julio, lo cual me da un mes más. Obviamente no me iré antes del concierto de la Choral Society que es el 2, pero aunque consiga donde quedarme unos días, debo estar saliendo de este país a mediados de Julio. No creo que consiga trabajo en lo que queda de tiempo, además me tocaría gastar mi salario en vivir maltrechamente pagando un nuevo lugar, en vez de ahorrar, porque la visa sólo me deja trabajar medio tiempo. Quería ir con Patricia a Polonia este verano, pero me parece que no me va a alcanzar para los dos pasajes, así que me verán de nuevo muy pronto. Cuando estábamos comentando esto con Arturo, nos dio muchísima tristeza el hecho de que no turisteamos aquí, no conocimos Escocia, no fuimos a Europa, no comimos en esas pastelerías elegantes de Londres a la hora del té. Arturo preguntó "¿Qué sueño cumplimos?". No supe qué responder...

"Cumple tus sueños". Muchas personas respondieron a mi momento de crisis animándome a que no abandone mis sueños. Lo veo difícil, porque ser musicóloga no era mi sueño. Mi verdadero sueño de vida yacía siempre tan escondido pero tan obvio, aferrándose a mi corazón con determinación. Ese sueño no se desvanece, a pesar de las excusas con que lo golpeo como que no soy lo suficientemente hermosa, o carismática, o que no tengo un sintetizador. Lo decidí ignorar porque me sentía fea y sin talento. Pero al estar aquí, respondiéndome sólo a mi, me di cuenta de que el tiempo corre y yo debo hacer todo lo posible por cumplirlo. 

Mi sueño al venir aquí no era convertirme en maestra en musicología, era salir del país, cambiar de ambiente, re encontrarme con mi creatividad y superar una crisis que comenzó en el 2013. La musicología sólo fue la vía más fácil que vi, sobretodo porque necesitaba mejorar mis posibilidades de empleo. Sin embargo aquí estoy, a un pelo de no terminar la maestría. 

Cuando vi la fecha en la que acaba el contrato de la acomodación, pensé de repente que todo apuntó a este final, desde el día en que llegué a las malas a buscar donde vivir. Es providencial que me quede el dinero preciso para vivir este mes, pagar el tiquete de avión e irme cuando me tocaba de todas formas. ¿A qué llegaré a Colombia? Empezaré a buscar trabajo desde aquí, aunque eso no le quita la incertidumbre y la zozobra financiera, pero mi viaje personal, espiritual y creativo sigue. Arturo se devolverá después, pues tiene que conseguir trabajo aquí como sea para pagar la deuda que tiene con su alojamiento, pero su contrato es hasta Septiembre. Hasta Julio irán entonces nuestros esfuerzos por no estar separados. Nos esperaremos desde distintos continentes. 



viernes, 20 de mayo de 2016

Gloomy Mood

Estoy aquí sentada frente al escritorio con una batalla tremenda en mi interior. 

El lado izquierdo de mi cuello y espalda están con dolor desde hace una semana, y desde hace dos días, el dolor me ha cogido el brazo izquierdo. No he tenido más opción que hacer como si no pasara nada, pero la verdad es que es bastante molesto porque yo soy zurda.

En 5 días es nuestro aniversario de novios con Arturo. Él va a venir a Southampton, y por primera vez en 8 meses, vamos a comer en un restaurante que no sea Subway o McDonald's, en un verdadero restaurante británico. Acordamos cuál iba a ser desde Diciembre y guardamos un presupuesto. Sin embargo, no siento ganas de celebrar en absoluto...

Recibí hace un momento un correo que decía que no me dieron el trabajo al que apliqué hace poco. Estos fracasos no se vuelven rutina, de ninguna manera te acostumbras a ilusionarte, pensar que para esta aplicación ya has aprendido y que esta vez si te tomarán en cuenta, y luego ver que no sucedió. Esto quiere decir que pasó otro mes en el que no recibí un salario, un mes en el que gasté lo menos que pude, siendo mi único lujo ir a verlo a él. Hace una semana también fui a comprarme una blusa bonita para ponerme ese día, porque no alcanzaba el dinero para vestido. Desde Abril el dinero no alcanza, ya pasó más de la mitad del año, y como no recibo ingresos, no he podido compensar los gastos que hice pensando en que seguro iba a tener trabajo para Mayo.

Mayo era un mes coyuntural desde aquella noche en que Arturo y yo decidimos que queríamos casarnos en Octubre. Hicimos cuentas de que en Mayo los preparativos debían comenzar, para Mayo diríamos a nuestras familias que había que ir empezando con lo que es a largo plazo, como mi vestido. Soñaba con que me tomaría yo misma las medidas, si acaso mediante video-llamada, para que la costurera me indicara bien cómo medirme. Pensábamos que para este mes por lo menos no estaríamos careciendo de lo que necesario, que es lo que por ejemplo le pasa a Arturo, que debe su alojamiento porque literalmente nunca tuvo ese dinero y contaba con trabajar. 

Creía yo también que para Mayo ya le habría cogido más práctica a la maestría y que tendría la tesis planeada y aprobada. Esto no se cumple tampoco. Después del fiasco de presentación de mi plan de tesis que tuve hace tres días, vuelvo a sentirme como cuando llegué, como más tarde en Diciembre: En el lugar equivocado. ¿No sería mejor ahorrarme toda esta humillación? Ayer Valeria, mi consejera académica, me dijo que tengo que trabajar el doble que los demás porque pienso de manera muy poco práctica y me hace falta método, sobretodo método científico. Claro que me hace falta, si yo nunca quise ser científica... Contemplamos entre las dos mis opciones, y entre ellas está el no hacer la tesis y por lo tanto no obtener el título de Maestra. 

Y en este punto, no me importaría. Si entre más me conozco más me doy cuenta de que no quiero ejercer la musicología, si ya en Diciembre sabía que esto no es para mi... ¿Cómo puedo adquirir competencias que no tengo y forzar una perspectiva y un enfoque específico que no tengo? A veces miro mi vida en retrospectiva y me doy cuenta de cuánto me he esforzado por adaptarme a una vida ordinaria, a procesos ordinarios, que nunca me salen bien... Cuando he sido realmente feliz es porque he optado por lo diferente, inesperado, alguien podría decir que por lo inefectivo o no práctico, como estudiar la carrera de música. ¿Cómo puedo adquirir eso que no tengo? Sinceramente, nunca me ha interesado adquirirlo. 

Valeria me ha dado unos días para tomar la decisión de si quiero o no presentar la tesis y obtener el diploma. Para Arturo es impensable el decir que no, porque significaría que me rendí, que me dejé aplastar... Ahora mismo pienso que decir que no implicaría que puedo recomenzar, salir de esta situación precaria y comenzar de nuevo; ya que la experiencia no ha sido perdida. Si en mi desesperación por mejorar mis opciones profesionales no habría escogido lo que era más fácil en ese momento, es decir escribir un ensayo para aplicar a musicología, no habría salido del país, no habría vivido sola y alcanzada económicamente, no habría puesto a la mayor de las pruebas nuestro amor con Arturo, y no me habría visto como debía verme... No me habría reconciliado conmigo y con la música. 


jueves, 21 de abril de 2016

Palabras sobre música

He escrito bastante sobre temas de la vida cotidiana, así que voy a aprovechar que ya llevo aquí poco más de 6 meses para escribir sobre la razón por la realmente me vine: para hacer una maestría en Musicología.

Son contadas las personas que saben qué es la musicología. Yo la definí muchas veces como la ciencia de la música, investigar sobre cuestiones como teoría e historia, y no es mentira. Sin embargo, en la primera clase de una materia, el profesor nos definió la musicología como words about music, es decir escribir sobre música. La idea me fascinó, y sentí aún más simpatía por este campo, pues es evidente que a mi me encanta escribir, y qué mejor que aprender a escribir sobre mi profesión. 

Empecé a ver la materia mencionada este segundo semestre. En el primer semestre aprendí a hacer análisis musical riguroso, ejercité mi investigación de archivo y aprendí acerca de los campos de la música en los que se puede hacer investigación. Fue verdaderamente interesante, aunque no me fue tan bien como se esperaría, y resultó que en comparación con mis compañeros yo tenía una desventaja enorme en un aspecto: vocación para la investigación.

Puede sonarles extraño eso de que yo no tenga vocación para la investigación, después de que me ha ido muy bien en esta disciplina desde el colegio. Tengo muy buena disposición para sentarme a leer horas y una moderada dotación de curiosidad, entonces ¿Cuál ha sido mi problema? Debo ir atrás para contextualizar.

Elegir la carrera de música, ser cantante, y luego elegir el énfasis de composición, no fue en ningún momento un error. Mis decisiones fueron muy acertadas, aunque no siempre lo vi así. Precisamente no lo veía así después de 6 meses de haber recibido el diploma del pregrado, cuando mi creatividad para componer estaba bloqueada por exceso de amor propio al igual que mi confianza como cantautora: No soportaba no hacer las cosas perfectas en el instante. Sabía que, a falta de trabajo, hacer mis estudios de posgrado era el siguiente paso, pero con la confianza tan baja en mis habilidades vocales y un impedimento psicológico para componer, decidí que lo más fácil era aplicar a Musicología, cuyo requisito era un ensayo. Me he encontrado con que muchas personas del edificio en el que vivo están estudiando lo que estudian porque fue lo que consideraron más fácil. Pensé además que la musicología me iba a obligar a adquirir el conocimiento del que carecía para impulsar mi composición. El resto de la historia ya se conoce: hice todo lo necesario y finalmente emprendí mis estudios. 

No obstante hubo ciertas diferencias que sobresalieron cuando comencé a interactuar con mis classmates: La primera es que todos tenían ya experiencia como teóricos, gestores o investigadores musicales, en vez de experiencia como músicos de campo como yo. Segundo, ellos ya sabían con toda certeza cuál iba a ser su tesis de maestría, yo apenas traía una idea sin desarrollar. Tercero, habían elegido la universidad de acuerdo a los expertos que enseñan aquí en la University of Southampton, quienes podían ayudarles a sacar el mejor resultado en sus investigaciones. No había pasado ni un mes cuando yo me di cuenta de que no podía desarrollar el tema que había traído como idea de tesis debido a que no había profesor especializado en mi campo que me pudiese ayudar. 

Resumiendo un poco, me tropecé con mi falta de metodología y de conocimiento, con el enfoque eurocentrista, y para Diciembre del año pasado yo estaba al borde del pánico, pensando que debía encontrar la forma de abandonar, de no seguir con esto que sentía no era para mí. Para muchos de mis trabajos leí bastante sobre compositores, sobre todo españoles, y me di cuenta de que rara vez hay prodigios como Mozart, y que la composición y la interpretación son un proceso en el si no se es bueno en un principio, se mejora estudiando y practicando. Entendí lo que debía hacer, y compré un teclado para practicar mi técnica de piano y mi composición, y de paso ahogar mis frustraciones. Para Enero había superado las malas emociones para forzarme a entregar los trabajos, y pasé el semestre. 

La primavera comenzó hace poco y con ella mi ánimo cambió radicalmente. Me sentí con fuerza y disposición para terminar lo que empecé, y sin ponerle mucho corazón, me he dispuesto a estudiar y a buscar trabajo, todo como parte de una rutina en la que me sumo y me satisface. 

La semana pasada hubo un taller para aprender a escribir Notas al Programa, es decir, programas de conciertos. Siempre me ha encantado esta parte y es una de las razones por las que también elegí la musicología. Sin embargo me sorprendí al darme cuenta de que la crítica musical y escribir programas son oficios que los musicólogos repudian, por el grado de subjetividad que requieren. ¡CLARO! Pensé. Si la persona que leyó mi ensayo de aplicación al crédito de Colfuturo era musicólogo, con toda razón me dio un puntaje tan bajo, pues yo hice énfasis en que quería desempeñarme de estas dos formas. Quienes hacen esto son los periodistas culturales. Qué ironía, yo que había querido hacer la especialización en periodismo cultural antes de comenzar esto...

La musicología es, después de todo, Academia. Es hacer ciencia del arte de la música, completamente objetivo, metodológico, frío, positivista. Y no es secreto para nadie que yo soy una romántica empedernida. Disfruto leer, escribir y aprender, pero hay una naturaleza innegablemente creativa y excéntrica en mí que no me puedo dar el lujo de reprimir. Mi vocación no es de investigadora, mi vocación es de música, seguramente también de escritora de palabras sobre música, pero no científicas. Tenía que hacer este viaje para darme cuenta. 

Profesionalmente, es una ganancia tener título de musicóloga, y ejerceré la musicología mientras encuentro la forma de vivir de mi vocación.


sábado, 9 de abril de 2016

El flat

Ya sólo queda una semana de vacaciones de Pascua, y la verdad es que esta semana que termina estuvo bastante tranquila por aquí en el edificio e incluso en el flat. Aprovecharé para contarles un poco más sobre mi vida en las residencias universitarias. 

Yo vivo en un edificio que se llama St. Margaret's House, y es exclusivo para estudiantes de posgrado y estudiantes maduros, por lo tanto nadie por debajo de los 23 años vive aquí. Con el propósito de que nos conozcamos más entre los residentes, la Universidad nos trae bebidas calientes, tortas y pastelitos gratis al Common Room todos los martes por la noche, y así es como conocí a los mexicanos y otros amigos que tengo aquí en el edificio. Tal vez después escriba sobre ellos.


Hay apartamentos individuales que son mucho más caros, con baño y cocina propios, pero son muy pocos, de resto son de a 7 personas por apartamento. Cada flat de estos tiene su propia cocina con mesa comedor, dos inodoros y una ducha. Cada cuarto tiene su propio lavamanos, cama, una mesa de noche, escritorio, estantería encima del escritorio y un closet. Las áreas comunes son limpiadas por el personal 5 días a la semana, y del cuarto si se encarga cada quien. Hay un cuarto de lavandería con lavadoras y secadoras de moneda para el edificio, y yo hago lavandería a máquina cada 15 días.

Vivo en el flat 21, en el tercer piso. Mis compañeras son cuatro chinas, una chica de Nigeria y una señora británica, que sólo está aquí 4 días a la semana y eso en temporada de clase, porque realmente vive en Londres. Agradezco que sea tan poco lo que ella está porque la convivencia es difícil debido al mal genio que tiene y a sus exageradísimos estándares de limpieza. Realmente nos tiene asco a las demás y no lo oculta.

No la culpo en gran parte. Las chinas son muy cochinas, y no son sólo ellas, mucha gente se queja de vivir con chinos. Me parece que aquí las chicas se bañan una o dos veces a la semana, y hay veces en que huelen muchísimo, pero nunca tan feo como mi compañero de clase chino, que debe hacer lo mismo. Por lo menos mis flatmates son mujeres, los hombres chinos de verdad huelen horrible. Cuando Ella la nigeriana se acaba de bañar, el baño queda oliendo delicioso, en cambio cuando una de las chinas se acaba de bañar, el olor es insoportable.

Cocinan cosas que huelen fuertísimo y a veces algún condimento me da ataque de tos involuntario, pero no les gusta mantener ventilado. Yo abro las ventanas de la cocina y más tarde las tengo que volver a abrir, no las dejan abiertas. La comida china de Colombia es realmente comida china gringa. La comida de mis flatmates es incomible para nosotros, una vez me convidaron y tuve que botar lo que me dieron cuando ya no me veían, y Ella me contó que a ella le pasó exactamente lo mismo. Es un sabor muy extraño y penetrante y los ingredientes no se distinguen, pueden ser literalmente cualquier cosa, uno no sabe. 

No sé cómo pero todas tienen mucha plata. El flat ha estado vacío porque Ella se fue a E.U y estas chinas se están paseando por toda Europa. Las chinas en especial no escatiman. Compran y compran comida todo el tiempo y a veces sacan a la basura cajas enteras de comida sin tocar que se les venció hace más de un mes. Es triste y a Ella y a mi nos duele especialmente, porque tenemos esa misma conciencia. 

Ella tiene un poco de personalidad de bully y por eso le trato de seguir la corriente en general. Tiene algo con la privacidad y siempre cierra con llave su cuarto y toma muchas precauciones, pero a veces se toma confianzas conmigo, como cuando saca mi loza de mi cajón para compartirme algo que preparó. Vive aterrada de lo simple y recursiva que puedo ser, porque ella es muy quisquillosa con la comida y pesimista con la vida. 

Con la compañera con la que mejor me llevo es con una china de Lanzhou, que se llama Liya. Conversamos muy sabroso porque a ella le gusta saber de mi cultura y discutir temas profundos como religión y tradición. Me muero de ganas a veces por llevarla a Colombia pero no sé cómo le dé nuestro modo de vida tan limpio y elegante, porque ella es algo especial con el higiene: Nunca lava su loza con jabón, sólo la restriega bajo el chorro y desparrama por donde caiga los restos de comida y el agua sucia. Luego ese mugre se seca y es de pesadilla. Imogen, la señora británica, se les quejó alguna vez, porque todas las chinas hacen desastres similares, pero no se han corregido. 

Yo ya aprendí a vivir con eso, simplemente limpio si es necesario. Lo hacen porque quieren hacer todo lo más rápido posible y nunca comen en la cocina, se llevan todo para el cuarto. La mayor parte del tiempo en que cocino tengo la cocina sólo para mi, y pongo música y canto y bailo, muy a lo estereotipo latino. Yo me tomo mi tiempo para cocinar, comer y lavar la loza, porque quiero tener todo impecable y que me quede bien, y Ella es igual. 

De esta forma el intercambio cultural es tan honesto... Observando formas de vivir, donde no se puede esconder nada. Qué maravilla de experiencia.

martes, 15 de marzo de 2016

Sobre mi propia colombianidad

Hace tiempo que quería escribir acerca de cómo ha sido hacer frente al mundo cuando hay una primera identidad visible antes que mi personalidad misma: mi nacionalidad. 

Primero que todo es muy interesante el asunto del fenotipo. En Colombia mi piel era en general clara y mi cabello también, y era una mujer de estatura promedio tirando más hacia alta que baja. Cuando llegué aquí me di me cuenta tras unos días, no sólo de lo morena y "petit" que soy, sino de que nunca entendí cuál era el verdadero cabello rubio, y la verdadera piel blanca, no es lo mismo que verlo en películas. 

Después de un tiempo de ver muchas personas de diversas razas que no son la mía, empecé a percibirme distinto en el espejo. Ahora me encuentro muy bella. Lo primero fue que mi cara se me hizo muy pícara, mis extremidades muy delgadas y me di cuenta de lo caderona que soy. Los Ceballos presumen de parecer árabes, pero la verdad es que después de ver verdaderos árabes, nosotros lo que parecemos es latinoamericanos. Nuestra piel no es tan opaca, es más brillante que la de ellos, y nuestras facciones son más proporcionales.

El hispano es la raza más hermosa, y no es porque yo lo sea. No obstante, los colombianos somos algo especial. Sólo conozco en persona a otro colombiano aquí en Southampton, un chico de Medellín, y no me creía al principio cuanto nos parecemos. Los mexicanos nos lo hicieron notar. Ambos somos trigueños, con cabello castaño claro y nuestras caras están llenas de detalles bonitos, como facciones notables pero proporcionadas, dientes grandes y gran sonrisa, mirada coqueta, cachetes...


Segundo, está el asunto de los rasgos de personalidad que inevitablemente tiene uno como colombiano. Yo me fui de Colombia despreciando al colombiano común que nunca me ha mostrado mucha comprensión y me fui sintiéndome más una "ciudadana del mundo". Sin embargo, al verme fuera de contexto, como una caricatura, me di cuenta de que soy dramática, efusiva, exagerada y tremendamente amigable. Me encontré cantando a grito herido salsas y cumbias en la primera fiesta latina a la que fui, y "azotando baldosa" como si no hubiera un mañana. Celebré el hallazgo de la harina precocida para hacer arepas, y busqué hasta el cansancio lentejas a buen precio. 

La familiaridad con Julián, el otro colombiano, y hasta con los mexicanos y chilenos, es asombrosa, como si jamás hubiésemos salido de nuestros barrios. Fuera de mi país es que he sentido más facilidad para ser extrovertida y espontánea. Cuando cocino, escucho Carlos Vives, La Fania, o una lista llamada Nostalgia con canciones de Juanes y Bacilos. hace mucho no escuchaba abiertamente esta música en Colombia, también porque siendo yo músico de profesión, me volví un poco snob en ese sentido. Pues YA NO MÁS. 

Es como si en Colombia fuera más británica: fría, tímida y pretenciosa, y en Gran Bretaña más colombiana. No tiene sentido... Lo único que sé es que me ha sentado bien estar aquí en cuanto a mi relación con mi país. 

Sentirse diferente y observado, así sea negativamente, se vuelve positivo cuando uno sabe que lo que guarda la apariencia exótica nunca lo experimentarán ellos, nunca tendrán esta pasión, esta seguridad, esta verdadera alegría de ser uno colombiano, que misteriosamente ha aparecido en mi. 



domingo, 21 de febrero de 2016

Los británicos

No he contado mucho acerca de la experiencia intercultural que implica estar aquí, desde el salón de clases hasta el hecho de tener que convivir con muchos estudiantes en el edificio residencial. No solo debo compartir con los nativos del país anfitrión, sino con nacionalidades que van desde los tres chinos que hay por cada británico, hasta personas de Guinea Ecuatorial, como la familia que se sienta al lado del coro en la parroquia.

Esta vez voy a contarles un poco acerca de lo vivido con los británicos, y mis impresiones acerca de ellos. 

Para empezar, sí es cierto que aquí el té lo es todo como para nosotros nuestro café. Está arraigado no sólo como costumbre, sino también en las expresiones, y el consejo universal de los catedráticos británicos es siempre "take a break, think it over a cup of tea", para cualquiera que sea el problema académico por el que se está pasando. 

Hay un aspecto con el que me identifico y que me encanta de la cultura inglesa, y es la organización. Los ingleses aman las listas, los horarios, los organizadores de semana, mes y año, los planes, las líneas de tiempo y las agendas. Lo más bello de esta obsesión es que hay mil opciones estéticas que puedes encontrar en una papelería: Hay de todo en todos los estilos, para todos los gustos y edades. 

La verdad es que las papelerías son de ensueño, los libros no son muy caros y hay ediciones que son como para exhibir o atesorar a muy buenos precios. Sin embargo después de pasear un rato por una, ya se empiezan a ver características curiosas, como las secciones ridículamente grandes de tarjetas para días especiales, y de la misma forma, secciones de audio libros en CD. La cosa ya se torna el colmo cuando los cuadernos tienen etiquetas tales como "Mi cuaderno de ideas", "Mi primer cuaderno para empezar a ser creativo", y cosas así.

Me gusta etiquetar mis cuadernos, pero tal vez no me gusta que ya vengan etiquetados. Se siente como si los británicos fueran tan cuadrados que necesitasen que los cuadernos les recuerden que en ellos no deben serlo, o que fueran tan fríos e impersonales que debe haber tarjetas para todo y así no tener que decir nunca nada. Es definitivamente extraño. 

Las personas siempre están a tiempo, pero no todo es tan perfecto como uno cree desde nuestra amada y caótica Colombia: Los trenes se atrasan, los buses no le paran a uno cuando están llenos, las universidades no son claras con la información... Misma humanidad imperfecta. Hay incluso indigentes, personas obesas, de mal gusto para vestir, y que se gritan y golpean en las calles; y estoy hablando de nativos.

El acento británico, sobretodo duro como es aquí en el sur, se vuelve pretencioso en cierto momento a los oídos que ya han pasado la fase de la admiración del turista. Se fija uno mejor y resulta que en efecto, los ingleses son engreídos y pretenciosos, sin quererlo, pero en general. Los que menos están en comunión con las culturas son los británicos. No salen de sí mismos y no muestran interés por ningún extranjero. Si acaso se acercan a los gringos, porque tienen muchas cosas en común, porque ellos son sus "iguales". Frente al palacio de Buckingham está este increíble monumento a la Reina Victoria que la proclama "Emperatriz del mundo". Parece que quien nació aquí fue criado con el orgullo de emperador en su corazón. 

No obstante hay ya generaciones nacidas en este país que pertenecen a otras culturas. El ejemplo más sencillo está en las personas descendientes de inmigrantes de la India. A pesar de tener nacionalidad inglesa, siguen siendo indios, lo mismo con los ugandeses, o egipcios o iraníes. La cultura no los apropia, y son marginados de una manera sutil y silenciosa, la misma que te aplican como estudiante, que a pesar de todo se percibe. Qué diferencia con nuestro país Colombia, en el que ya no podríamos distinguir a un descendiente de inmigrantes libaneses, por ejemplo, que está tan cómodo y asentado ya en su identidad de colombiano. 

Cuando he conocido ingleses amigables y verdaderamente interesados en conocerme, ha resultado que crecieron en países como Sudáfrica o Zimbabwe. No obstante se convive respetuosamente con los classmates y las personas del coro de la parroquia, lo que pasa es que no es suficiente para una relación más profunda. 

Hay mucho más acerca de ellos, pero cubrí lo que ha llamado más mi atención. 

lunes, 18 de enero de 2016

Joyas de la vida independiente

Hoy ha sido un día maravilloso a pesar de que no tuve clase y recibí una mala noticia: No me dieron el trabajo al que apliqué.

Me levanté más bien tarde, desayuné y me bañé. Leí mis correos, escribí otros tantos y me alisté para salir a comprar lana para el regalo de Navidad de Arturo. La verdad es que el bus me sale gratis, pero temiendo que tanto sedentarismo me engorde, decidí caminar. 

Por fin estoy entendiendo cómo funciona el clima y me abrigué lo justo para no acalorarme ni pasar frío. La caminata se sintió muy bien, y me di cuenta de que ya me conozco bastante este lado de la ciudad. Compré las lanas en un sitio bastante económico y de nuevo me devolví caminando, muy satisfecha con mis elecciones. 

Llegué con hambre porque ya era hora de almorzar. Sabía ya qué iba a almorzar, planeo cada día cuando hago las compras, entonces comencé. Debo aceptar que cuento con los dedos los almuerzos que han sido realmente ricos, y hoy fue uno de esos, pero lo mejor de todo es que fue el segundo en una racha, porque ayer también me quedó delicioso y bonito lo que preparé. Comí con muchísimo gusto y quedé muy bien. 

Para reposar tenía planeado lavar unos sacos y mi ropa interior. Lo hice de tan buen ánimo... De repente lavar se había convertido en algo muy placentero, no sé cómo. Cómo eran lavadas menores, en vez de pagar secadora, colgué los sacos en el cuarto de lavandería del edificio y mis interiores aquí mismo en mi cuarto. Esa imagen de mi ropa colorida colgando junto a la ventana o sobre el calentador por un momento se me hizo digna de fotografiar. 

Pensé hoy que la independencia me hace feliz, me llena, me realiza el simple hecho de cuidar de mi misma, y ver lo bien que lo puedo hacer. La responsabilidad no me asusta ni me da pereza, me place enormemente. 

Debo decir que sabía que venía aquí a madurar, pero no me imaginaba todas las dimensiones que eso implica.

Año Nuevo en Cardiff

Mi amado prometido vive en Cardiff. Cardiff es la capital de Gales (Wales). Aquí se habla inglés, pero hay otra lengua oficial que es el galés (welsh), por lo tanto los letreros están en ambos idiomas en toda la ciudad. Es curiosísimo, sobretodo porque el welsh no es tan parecido al inglés, es distinto, a veces hasta se parece al español.

Cardiff siempre ha sido más frío y oscuro que Southampton, realmente porque Southampton es una excepción en este país. Inglaterra es más como Cardiff. A pesar del frío, no ha nevado, lo que si ha sucedido, y tal vez lo han escuchado en las noticias, es que en Escocia y en el norte de Gales ha llovido de tal manera que  hay inundaciones serias, con cientos de personas damnificadas y toda la cosa.

Esta es una ciudad más grande que Southampton y definitivamente más ciudad, con todo el trajín que eso implica. Hay un City Hall más bien nuevo, pero también hay un castillo hermosísimo, y un parque amurallado por el que pasa un río. El parque es de los lugares en los que más se siente esta magia extraña de Cardiff: En primer lugar, la muralla tiene esculturas de todo tipo de animales que posan sobre ella como si estuvieran culminando su huída, y sus rostros son muy melancólicos e impresionantes, es de miedo. En segundo lugar, hay cosas como las ruinas de una Abadía medieval de las que solo queda el piso y la base de las columnas, porque la Abadía fue destruída en los años 1500. Es sobrecogedor estar ahí de pie, sobre los restos de la contrucción cubiertos de vegetación, y una placa gastada por el tiempo que apenas se lee, escrita en latín, explicándole a uno donde se encuentra.
En nuestro camino de las residencias estudiantiles al centro de la ciudad siempre debemos pasar por una cuadra de casas de clase media, y sobre el pórtico de una hay un trol de piedra: un gordo y pequeño trol que por su expresión yo diría que piensa una travesura. Arturo dice que es más un goblin, un trasgo. Pero bueno, cosas que sólo se ven aquí, o por lo menos jamás en Colombia con la autenticidad y espontaneidad de aquí.
El centro de la ciudad es muy moderno y comercial. No sé si se han fijado que el escudo de Inglaterra tiene un león y un dragón, bueno, pues Inglaterra es el león y el dragón es Gales. Aquí todo tiene que ver con un gran dragón rojo, es el símbolo de la región. Hasta venden dragones rojos de peluche en las tiendas de recuerdos.
 
Compramos con Arturo cava, que es más barata que la champaña, y carne para asar, que aquí es cara. No probamos carne de res que no sea molida o en hamburguesa de McDonald's desde que estamos en Colombia. También vamos a hornear papas con mantequilla y compramos una selección de hierbas italianas para ensalada y Creme Brulé para el postre. Todos estos manjares no nos quitan la añoranza de estar allá en Colombia compartiendo con la familia la cena de siempre. Pero bueno, aquí estamos haciendo lo mejor que podemos.

¡Feliz y próspero año nuevo 2016!

Viaje a Londres

Relato a continuación todo el itinerario de mi primera visita a Londres.
 
Lo primero es que tuve que madrugar porque mi tren salía de Southampton a las 7:30 de la mañana, a pesar de que compré un tiquete con anticipación por internet que me permitía llegar a Londres de la manera que yo quisiera dentro de la Southern Railway. Elegí un viaje temprano, para aprovechar el día.

Nos íbamos a encontrar con Arturo en la estación de London Victoria. Él se venía en bus desde Cardiff. Ambos buscamos las rutas más económicas que se pudiera, y aún así, no pagamos menos de 30 libras cada uno por ambos viajes, el de ida y de vuelta.

Llegué a London Victoria a las 10:20 a.m. y Arturo estaba ahí esperándome. Es difícil de imaginar cómo es vernos y abrazarnos, al principio se siente uno con un extraño, pero con un extraño con el que ha hablado todos los días, y hasta un roce de las manos es la sensación más intensa del mundo en esos momentos, porque uno ha esperado ver al otro por días.

Apenas salimos comenzamos a caminar. En donde sea siempre tiene uno esa familiaridad con las grandes ciudades, ruidosas, con personas ocupadas que caminan rápido, vendedores en las calles y gente que la lucha. Más similar Londres a Bogotá que Cardiff y Southampton. Pero estaba haciendo más frío que en Southampton, bastante más. Con razón los ingleses dicen que el clima de Southampton es tan bueno. No entendemos, no somos capaces de concebir un frío invernal. Mis manos se dormían del frío, porque no llevé guantes. 

El primer gran monumento que visitamos fue la Catedral Católica de Westminster. Es enorme, y con arte y escenas por todas partes. Andar por ella es de por sí una catequesis, un recorrido por la Biblia, por los santos y hasta por la historia de Inglaterra. No se podía tomar fotos, lamentablemente, pero Arturo alcanzó a tomar una, que va adjunta.

Luego llegamos a la Abadía de Westminster, pero la entrada costaba 20 libras. Hagan la conversión. Eso es lo que ambos reuníamos para almorzar y para el metro, así que será otro día, en tiempos más prósperos. Ahí en frente estaba el Big Ben, en el palacio del Parlamento. Es bajito, uno se imagina más alta esa torre, pero no lo es. 

Paseamos por un parque plagado de ardillas, con un lago que tenía todo tipo de aves: patos, gansos, cisnes, gaviotas, cuervos, y unas especies que no distinguimos. Las ardillas, muy sociables, están ya gorditas, listas para hibernar. No es difícil que engorden, la gente las alimenta. Una niña británica les estaba tirando marañones... ¡Hubiera preferido que me los diera! Cuánto no le habrán costado...

Llegamos al Palacio de Buckingham. Antes de seguir les cuento que Arturo se había estudiado el mapa y todo lo que hicimos y visitamos fue plan de él, muy juicioso. El palacio es hermoso, y en frente hay una fuente con ángeles y dorado, tremenda, que es realmente un monumentos a la reina Victoria, "Emperatriz del mundo", ya saben. Yo estaba molida porque ya llevábamos más de dos horas caminando, así que nos sentamos en la fuente, pero el frío era tan tremendo que tuvimos que movernos rápido.
 
Luego fuimos a la National Gallery, el gran museo. La entrada era gratis. Es impresionante, esas salas tan elegantes, más de 45. No pudimos verlo todo porque teníamos que ir a almorzar, pero es hermoso, arte de todos los periodos. También hay fotos adjuntas.

Almorzamos en un McDonald's, lo más barato obviamente, pero las hamburguesas de aquí son chiquiticas, realmente quedamos mal almorzados, y  las salsas aquí no están en una barra, ni los pepinillos. Los McDonald's aquí son pésimos en comparación con los de Colombia.

Luego Arturo tenía una sorpresa para mi. Entramos en una especie de centro cultural a una sala con una exposición de Tintín. Fue genial, pero no pudimos tomar ni una foto, no estaba permitido. Había una tienda de recuerdos buenísima, pero todo carísimo. Es una lástima no tener mucho dinero, pero a la vez me encanta vivir esto así con Arturo: no nos podemos complacer mutuamente con regalos, ni ir a los lugares más "cool" para impresionar al otro, sólo nos tenemos a nosotros y a nuestro ingenio, que en ninguno de los dos es poco.

Buscamos entonces la dirección en la que se me había dejado un encargo desde Colombia, mi razón principal para ir a Londres. La muchacha compatriota que lo tenía había escrito 125 Bishopsgate street en un mensaje de texto. Yo tenía mucho dolor en un pie, y ya había oscurecido porque eran las 5:00 p.m. Dimos muchas vueltas en la Bishopsgate street porque no encontrábamos el número, y ninguno de los dos tenía minutos para llamar a Angelina, así se llama la chica. Ella me envió un mensaje diciendo que en 15 minutos se iba y no me esperaba más. Pensé que habría sido más útil que escribiera o llamara para saber si estábamos en problemas, lo cuál era cierto. Nunca lo hizo, así que preguntamos, en vez de la dirección, el nombre del banco en el que trabaja, que sí nos lo había dado. Resultó que era 175 y no 125 el número de la dirección.

Por fin, después de llamarla desde la recepción, bajó esta súper ejecutiva costeña, con un vestido negro forrado al cuerpo y el cabello alisado.Recibí el paquete, procurando que no se me notara que reprobé su comportamiento conmigo, y se hizo la entrega lo más breve posible.

Finalmente, rendidos Arturo y yo, nos subimos al metro y fuimos a la estación de London Victoria, donde cada quien cogió por su lado otra vez. El para Cardiff, yo a Southampton.