jueves, 21 de abril de 2016

Palabras sobre música

He escrito bastante sobre temas de la vida cotidiana, así que voy a aprovechar que ya llevo aquí poco más de 6 meses para escribir sobre la razón por la realmente me vine: para hacer una maestría en Musicología.

Son contadas las personas que saben qué es la musicología. Yo la definí muchas veces como la ciencia de la música, investigar sobre cuestiones como teoría e historia, y no es mentira. Sin embargo, en la primera clase de una materia, el profesor nos definió la musicología como words about music, es decir escribir sobre música. La idea me fascinó, y sentí aún más simpatía por este campo, pues es evidente que a mi me encanta escribir, y qué mejor que aprender a escribir sobre mi profesión. 

Empecé a ver la materia mencionada este segundo semestre. En el primer semestre aprendí a hacer análisis musical riguroso, ejercité mi investigación de archivo y aprendí acerca de los campos de la música en los que se puede hacer investigación. Fue verdaderamente interesante, aunque no me fue tan bien como se esperaría, y resultó que en comparación con mis compañeros yo tenía una desventaja enorme en un aspecto: vocación para la investigación.

Puede sonarles extraño eso de que yo no tenga vocación para la investigación, después de que me ha ido muy bien en esta disciplina desde el colegio. Tengo muy buena disposición para sentarme a leer horas y una moderada dotación de curiosidad, entonces ¿Cuál ha sido mi problema? Debo ir atrás para contextualizar.

Elegir la carrera de música, ser cantante, y luego elegir el énfasis de composición, no fue en ningún momento un error. Mis decisiones fueron muy acertadas, aunque no siempre lo vi así. Precisamente no lo veía así después de 6 meses de haber recibido el diploma del pregrado, cuando mi creatividad para componer estaba bloqueada por exceso de amor propio al igual que mi confianza como cantautora: No soportaba no hacer las cosas perfectas en el instante. Sabía que, a falta de trabajo, hacer mis estudios de posgrado era el siguiente paso, pero con la confianza tan baja en mis habilidades vocales y un impedimento psicológico para componer, decidí que lo más fácil era aplicar a Musicología, cuyo requisito era un ensayo. Me he encontrado con que muchas personas del edificio en el que vivo están estudiando lo que estudian porque fue lo que consideraron más fácil. Pensé además que la musicología me iba a obligar a adquirir el conocimiento del que carecía para impulsar mi composición. El resto de la historia ya se conoce: hice todo lo necesario y finalmente emprendí mis estudios. 

No obstante hubo ciertas diferencias que sobresalieron cuando comencé a interactuar con mis classmates: La primera es que todos tenían ya experiencia como teóricos, gestores o investigadores musicales, en vez de experiencia como músicos de campo como yo. Segundo, ellos ya sabían con toda certeza cuál iba a ser su tesis de maestría, yo apenas traía una idea sin desarrollar. Tercero, habían elegido la universidad de acuerdo a los expertos que enseñan aquí en la University of Southampton, quienes podían ayudarles a sacar el mejor resultado en sus investigaciones. No había pasado ni un mes cuando yo me di cuenta de que no podía desarrollar el tema que había traído como idea de tesis debido a que no había profesor especializado en mi campo que me pudiese ayudar. 

Resumiendo un poco, me tropecé con mi falta de metodología y de conocimiento, con el enfoque eurocentrista, y para Diciembre del año pasado yo estaba al borde del pánico, pensando que debía encontrar la forma de abandonar, de no seguir con esto que sentía no era para mí. Para muchos de mis trabajos leí bastante sobre compositores, sobre todo españoles, y me di cuenta de que rara vez hay prodigios como Mozart, y que la composición y la interpretación son un proceso en el si no se es bueno en un principio, se mejora estudiando y practicando. Entendí lo que debía hacer, y compré un teclado para practicar mi técnica de piano y mi composición, y de paso ahogar mis frustraciones. Para Enero había superado las malas emociones para forzarme a entregar los trabajos, y pasé el semestre. 

La primavera comenzó hace poco y con ella mi ánimo cambió radicalmente. Me sentí con fuerza y disposición para terminar lo que empecé, y sin ponerle mucho corazón, me he dispuesto a estudiar y a buscar trabajo, todo como parte de una rutina en la que me sumo y me satisface. 

La semana pasada hubo un taller para aprender a escribir Notas al Programa, es decir, programas de conciertos. Siempre me ha encantado esta parte y es una de las razones por las que también elegí la musicología. Sin embargo me sorprendí al darme cuenta de que la crítica musical y escribir programas son oficios que los musicólogos repudian, por el grado de subjetividad que requieren. ¡CLARO! Pensé. Si la persona que leyó mi ensayo de aplicación al crédito de Colfuturo era musicólogo, con toda razón me dio un puntaje tan bajo, pues yo hice énfasis en que quería desempeñarme de estas dos formas. Quienes hacen esto son los periodistas culturales. Qué ironía, yo que había querido hacer la especialización en periodismo cultural antes de comenzar esto...

La musicología es, después de todo, Academia. Es hacer ciencia del arte de la música, completamente objetivo, metodológico, frío, positivista. Y no es secreto para nadie que yo soy una romántica empedernida. Disfruto leer, escribir y aprender, pero hay una naturaleza innegablemente creativa y excéntrica en mí que no me puedo dar el lujo de reprimir. Mi vocación no es de investigadora, mi vocación es de música, seguramente también de escritora de palabras sobre música, pero no científicas. Tenía que hacer este viaje para darme cuenta. 

Profesionalmente, es una ganancia tener título de musicóloga, y ejerceré la musicología mientras encuentro la forma de vivir de mi vocación.


sábado, 9 de abril de 2016

El flat

Ya sólo queda una semana de vacaciones de Pascua, y la verdad es que esta semana que termina estuvo bastante tranquila por aquí en el edificio e incluso en el flat. Aprovecharé para contarles un poco más sobre mi vida en las residencias universitarias. 

Yo vivo en un edificio que se llama St. Margaret's House, y es exclusivo para estudiantes de posgrado y estudiantes maduros, por lo tanto nadie por debajo de los 23 años vive aquí. Con el propósito de que nos conozcamos más entre los residentes, la Universidad nos trae bebidas calientes, tortas y pastelitos gratis al Common Room todos los martes por la noche, y así es como conocí a los mexicanos y otros amigos que tengo aquí en el edificio. Tal vez después escriba sobre ellos.


Hay apartamentos individuales que son mucho más caros, con baño y cocina propios, pero son muy pocos, de resto son de a 7 personas por apartamento. Cada flat de estos tiene su propia cocina con mesa comedor, dos inodoros y una ducha. Cada cuarto tiene su propio lavamanos, cama, una mesa de noche, escritorio, estantería encima del escritorio y un closet. Las áreas comunes son limpiadas por el personal 5 días a la semana, y del cuarto si se encarga cada quien. Hay un cuarto de lavandería con lavadoras y secadoras de moneda para el edificio, y yo hago lavandería a máquina cada 15 días.

Vivo en el flat 21, en el tercer piso. Mis compañeras son cuatro chinas, una chica de Nigeria y una señora británica, que sólo está aquí 4 días a la semana y eso en temporada de clase, porque realmente vive en Londres. Agradezco que sea tan poco lo que ella está porque la convivencia es difícil debido al mal genio que tiene y a sus exageradísimos estándares de limpieza. Realmente nos tiene asco a las demás y no lo oculta.

No la culpo en gran parte. Las chinas son muy cochinas, y no son sólo ellas, mucha gente se queja de vivir con chinos. Me parece que aquí las chicas se bañan una o dos veces a la semana, y hay veces en que huelen muchísimo, pero nunca tan feo como mi compañero de clase chino, que debe hacer lo mismo. Por lo menos mis flatmates son mujeres, los hombres chinos de verdad huelen horrible. Cuando Ella la nigeriana se acaba de bañar, el baño queda oliendo delicioso, en cambio cuando una de las chinas se acaba de bañar, el olor es insoportable.

Cocinan cosas que huelen fuertísimo y a veces algún condimento me da ataque de tos involuntario, pero no les gusta mantener ventilado. Yo abro las ventanas de la cocina y más tarde las tengo que volver a abrir, no las dejan abiertas. La comida china de Colombia es realmente comida china gringa. La comida de mis flatmates es incomible para nosotros, una vez me convidaron y tuve que botar lo que me dieron cuando ya no me veían, y Ella me contó que a ella le pasó exactamente lo mismo. Es un sabor muy extraño y penetrante y los ingredientes no se distinguen, pueden ser literalmente cualquier cosa, uno no sabe. 

No sé cómo pero todas tienen mucha plata. El flat ha estado vacío porque Ella se fue a E.U y estas chinas se están paseando por toda Europa. Las chinas en especial no escatiman. Compran y compran comida todo el tiempo y a veces sacan a la basura cajas enteras de comida sin tocar que se les venció hace más de un mes. Es triste y a Ella y a mi nos duele especialmente, porque tenemos esa misma conciencia. 

Ella tiene un poco de personalidad de bully y por eso le trato de seguir la corriente en general. Tiene algo con la privacidad y siempre cierra con llave su cuarto y toma muchas precauciones, pero a veces se toma confianzas conmigo, como cuando saca mi loza de mi cajón para compartirme algo que preparó. Vive aterrada de lo simple y recursiva que puedo ser, porque ella es muy quisquillosa con la comida y pesimista con la vida. 

Con la compañera con la que mejor me llevo es con una china de Lanzhou, que se llama Liya. Conversamos muy sabroso porque a ella le gusta saber de mi cultura y discutir temas profundos como religión y tradición. Me muero de ganas a veces por llevarla a Colombia pero no sé cómo le dé nuestro modo de vida tan limpio y elegante, porque ella es algo especial con el higiene: Nunca lava su loza con jabón, sólo la restriega bajo el chorro y desparrama por donde caiga los restos de comida y el agua sucia. Luego ese mugre se seca y es de pesadilla. Imogen, la señora británica, se les quejó alguna vez, porque todas las chinas hacen desastres similares, pero no se han corregido. 

Yo ya aprendí a vivir con eso, simplemente limpio si es necesario. Lo hacen porque quieren hacer todo lo más rápido posible y nunca comen en la cocina, se llevan todo para el cuarto. La mayor parte del tiempo en que cocino tengo la cocina sólo para mi, y pongo música y canto y bailo, muy a lo estereotipo latino. Yo me tomo mi tiempo para cocinar, comer y lavar la loza, porque quiero tener todo impecable y que me quede bien, y Ella es igual. 

De esta forma el intercambio cultural es tan honesto... Observando formas de vivir, donde no se puede esconder nada. Qué maravilla de experiencia.