lunes, 18 de enero de 2016

Joyas de la vida independiente

Hoy ha sido un día maravilloso a pesar de que no tuve clase y recibí una mala noticia: No me dieron el trabajo al que apliqué.

Me levanté más bien tarde, desayuné y me bañé. Leí mis correos, escribí otros tantos y me alisté para salir a comprar lana para el regalo de Navidad de Arturo. La verdad es que el bus me sale gratis, pero temiendo que tanto sedentarismo me engorde, decidí caminar. 

Por fin estoy entendiendo cómo funciona el clima y me abrigué lo justo para no acalorarme ni pasar frío. La caminata se sintió muy bien, y me di cuenta de que ya me conozco bastante este lado de la ciudad. Compré las lanas en un sitio bastante económico y de nuevo me devolví caminando, muy satisfecha con mis elecciones. 

Llegué con hambre porque ya era hora de almorzar. Sabía ya qué iba a almorzar, planeo cada día cuando hago las compras, entonces comencé. Debo aceptar que cuento con los dedos los almuerzos que han sido realmente ricos, y hoy fue uno de esos, pero lo mejor de todo es que fue el segundo en una racha, porque ayer también me quedó delicioso y bonito lo que preparé. Comí con muchísimo gusto y quedé muy bien. 

Para reposar tenía planeado lavar unos sacos y mi ropa interior. Lo hice de tan buen ánimo... De repente lavar se había convertido en algo muy placentero, no sé cómo. Cómo eran lavadas menores, en vez de pagar secadora, colgué los sacos en el cuarto de lavandería del edificio y mis interiores aquí mismo en mi cuarto. Esa imagen de mi ropa colorida colgando junto a la ventana o sobre el calentador por un momento se me hizo digna de fotografiar. 

Pensé hoy que la independencia me hace feliz, me llena, me realiza el simple hecho de cuidar de mi misma, y ver lo bien que lo puedo hacer. La responsabilidad no me asusta ni me da pereza, me place enormemente. 

Debo decir que sabía que venía aquí a madurar, pero no me imaginaba todas las dimensiones que eso implica.

Año Nuevo en Cardiff

Mi amado prometido vive en Cardiff. Cardiff es la capital de Gales (Wales). Aquí se habla inglés, pero hay otra lengua oficial que es el galés (welsh), por lo tanto los letreros están en ambos idiomas en toda la ciudad. Es curiosísimo, sobretodo porque el welsh no es tan parecido al inglés, es distinto, a veces hasta se parece al español.

Cardiff siempre ha sido más frío y oscuro que Southampton, realmente porque Southampton es una excepción en este país. Inglaterra es más como Cardiff. A pesar del frío, no ha nevado, lo que si ha sucedido, y tal vez lo han escuchado en las noticias, es que en Escocia y en el norte de Gales ha llovido de tal manera que  hay inundaciones serias, con cientos de personas damnificadas y toda la cosa.

Esta es una ciudad más grande que Southampton y definitivamente más ciudad, con todo el trajín que eso implica. Hay un City Hall más bien nuevo, pero también hay un castillo hermosísimo, y un parque amurallado por el que pasa un río. El parque es de los lugares en los que más se siente esta magia extraña de Cardiff: En primer lugar, la muralla tiene esculturas de todo tipo de animales que posan sobre ella como si estuvieran culminando su huída, y sus rostros son muy melancólicos e impresionantes, es de miedo. En segundo lugar, hay cosas como las ruinas de una Abadía medieval de las que solo queda el piso y la base de las columnas, porque la Abadía fue destruída en los años 1500. Es sobrecogedor estar ahí de pie, sobre los restos de la contrucción cubiertos de vegetación, y una placa gastada por el tiempo que apenas se lee, escrita en latín, explicándole a uno donde se encuentra.
En nuestro camino de las residencias estudiantiles al centro de la ciudad siempre debemos pasar por una cuadra de casas de clase media, y sobre el pórtico de una hay un trol de piedra: un gordo y pequeño trol que por su expresión yo diría que piensa una travesura. Arturo dice que es más un goblin, un trasgo. Pero bueno, cosas que sólo se ven aquí, o por lo menos jamás en Colombia con la autenticidad y espontaneidad de aquí.
El centro de la ciudad es muy moderno y comercial. No sé si se han fijado que el escudo de Inglaterra tiene un león y un dragón, bueno, pues Inglaterra es el león y el dragón es Gales. Aquí todo tiene que ver con un gran dragón rojo, es el símbolo de la región. Hasta venden dragones rojos de peluche en las tiendas de recuerdos.
 
Compramos con Arturo cava, que es más barata que la champaña, y carne para asar, que aquí es cara. No probamos carne de res que no sea molida o en hamburguesa de McDonald's desde que estamos en Colombia. También vamos a hornear papas con mantequilla y compramos una selección de hierbas italianas para ensalada y Creme Brulé para el postre. Todos estos manjares no nos quitan la añoranza de estar allá en Colombia compartiendo con la familia la cena de siempre. Pero bueno, aquí estamos haciendo lo mejor que podemos.

¡Feliz y próspero año nuevo 2016!

Viaje a Londres

Relato a continuación todo el itinerario de mi primera visita a Londres.
 
Lo primero es que tuve que madrugar porque mi tren salía de Southampton a las 7:30 de la mañana, a pesar de que compré un tiquete con anticipación por internet que me permitía llegar a Londres de la manera que yo quisiera dentro de la Southern Railway. Elegí un viaje temprano, para aprovechar el día.

Nos íbamos a encontrar con Arturo en la estación de London Victoria. Él se venía en bus desde Cardiff. Ambos buscamos las rutas más económicas que se pudiera, y aún así, no pagamos menos de 30 libras cada uno por ambos viajes, el de ida y de vuelta.

Llegué a London Victoria a las 10:20 a.m. y Arturo estaba ahí esperándome. Es difícil de imaginar cómo es vernos y abrazarnos, al principio se siente uno con un extraño, pero con un extraño con el que ha hablado todos los días, y hasta un roce de las manos es la sensación más intensa del mundo en esos momentos, porque uno ha esperado ver al otro por días.

Apenas salimos comenzamos a caminar. En donde sea siempre tiene uno esa familiaridad con las grandes ciudades, ruidosas, con personas ocupadas que caminan rápido, vendedores en las calles y gente que la lucha. Más similar Londres a Bogotá que Cardiff y Southampton. Pero estaba haciendo más frío que en Southampton, bastante más. Con razón los ingleses dicen que el clima de Southampton es tan bueno. No entendemos, no somos capaces de concebir un frío invernal. Mis manos se dormían del frío, porque no llevé guantes. 

El primer gran monumento que visitamos fue la Catedral Católica de Westminster. Es enorme, y con arte y escenas por todas partes. Andar por ella es de por sí una catequesis, un recorrido por la Biblia, por los santos y hasta por la historia de Inglaterra. No se podía tomar fotos, lamentablemente, pero Arturo alcanzó a tomar una, que va adjunta.

Luego llegamos a la Abadía de Westminster, pero la entrada costaba 20 libras. Hagan la conversión. Eso es lo que ambos reuníamos para almorzar y para el metro, así que será otro día, en tiempos más prósperos. Ahí en frente estaba el Big Ben, en el palacio del Parlamento. Es bajito, uno se imagina más alta esa torre, pero no lo es. 

Paseamos por un parque plagado de ardillas, con un lago que tenía todo tipo de aves: patos, gansos, cisnes, gaviotas, cuervos, y unas especies que no distinguimos. Las ardillas, muy sociables, están ya gorditas, listas para hibernar. No es difícil que engorden, la gente las alimenta. Una niña británica les estaba tirando marañones... ¡Hubiera preferido que me los diera! Cuánto no le habrán costado...

Llegamos al Palacio de Buckingham. Antes de seguir les cuento que Arturo se había estudiado el mapa y todo lo que hicimos y visitamos fue plan de él, muy juicioso. El palacio es hermoso, y en frente hay una fuente con ángeles y dorado, tremenda, que es realmente un monumentos a la reina Victoria, "Emperatriz del mundo", ya saben. Yo estaba molida porque ya llevábamos más de dos horas caminando, así que nos sentamos en la fuente, pero el frío era tan tremendo que tuvimos que movernos rápido.
 
Luego fuimos a la National Gallery, el gran museo. La entrada era gratis. Es impresionante, esas salas tan elegantes, más de 45. No pudimos verlo todo porque teníamos que ir a almorzar, pero es hermoso, arte de todos los periodos. También hay fotos adjuntas.

Almorzamos en un McDonald's, lo más barato obviamente, pero las hamburguesas de aquí son chiquiticas, realmente quedamos mal almorzados, y  las salsas aquí no están en una barra, ni los pepinillos. Los McDonald's aquí son pésimos en comparación con los de Colombia.

Luego Arturo tenía una sorpresa para mi. Entramos en una especie de centro cultural a una sala con una exposición de Tintín. Fue genial, pero no pudimos tomar ni una foto, no estaba permitido. Había una tienda de recuerdos buenísima, pero todo carísimo. Es una lástima no tener mucho dinero, pero a la vez me encanta vivir esto así con Arturo: no nos podemos complacer mutuamente con regalos, ni ir a los lugares más "cool" para impresionar al otro, sólo nos tenemos a nosotros y a nuestro ingenio, que en ninguno de los dos es poco.

Buscamos entonces la dirección en la que se me había dejado un encargo desde Colombia, mi razón principal para ir a Londres. La muchacha compatriota que lo tenía había escrito 125 Bishopsgate street en un mensaje de texto. Yo tenía mucho dolor en un pie, y ya había oscurecido porque eran las 5:00 p.m. Dimos muchas vueltas en la Bishopsgate street porque no encontrábamos el número, y ninguno de los dos tenía minutos para llamar a Angelina, así se llama la chica. Ella me envió un mensaje diciendo que en 15 minutos se iba y no me esperaba más. Pensé que habría sido más útil que escribiera o llamara para saber si estábamos en problemas, lo cuál era cierto. Nunca lo hizo, así que preguntamos, en vez de la dirección, el nombre del banco en el que trabaja, que sí nos lo había dado. Resultó que era 175 y no 125 el número de la dirección.

Por fin, después de llamarla desde la recepción, bajó esta súper ejecutiva costeña, con un vestido negro forrado al cuerpo y el cabello alisado.Recibí el paquete, procurando que no se me notara que reprobé su comportamiento conmigo, y se hizo la entrega lo más breve posible.

Finalmente, rendidos Arturo y yo, nos subimos al metro y fuimos a la estación de London Victoria, donde cada quien cogió por su lado otra vez. El para Cardiff, yo a Southampton.