Hoy ha sido un día maravilloso a pesar de que no tuve clase y recibí una mala noticia: No me dieron el trabajo al que apliqué.
Me
levanté más bien tarde, desayuné y me bañé. Leí mis correos, escribí
otros tantos y me alisté para salir a comprar lana para el regalo de
Navidad de Arturo. La verdad es que el bus me sale gratis, pero temiendo
que tanto sedentarismo me engorde, decidí caminar.
Por
fin estoy entendiendo cómo funciona el clima y me abrigué lo justo para
no acalorarme ni pasar frío. La caminata se sintió muy bien, y me di
cuenta de que ya me conozco bastante este lado de la ciudad. Compré las
lanas en un sitio bastante económico y de nuevo me devolví caminando, muy
satisfecha con mis elecciones.
Llegué con
hambre porque ya era hora de almorzar. Sabía ya qué iba a almorzar,
planeo cada día cuando hago las compras, entonces comencé. Debo aceptar
que cuento con los dedos los almuerzos que han sido realmente ricos, y
hoy fue uno de esos, pero lo mejor de todo es que fue el segundo en una
racha, porque ayer también me quedó delicioso y bonito lo que preparé.
Comí con muchísimo gusto y quedé muy bien.
Para
reposar tenía planeado lavar unos sacos y mi ropa interior. Lo hice de
tan buen ánimo... De repente lavar se había convertido en algo muy
placentero, no sé cómo. Cómo eran lavadas menores, en vez de pagar
secadora, colgué los sacos en el cuarto de lavandería del edificio y mis
interiores aquí mismo en mi cuarto. Esa imagen de mi ropa colorida
colgando junto a la ventana o sobre el calentador por un momento se me
hizo digna de fotografiar.
Pensé hoy que la
independencia me hace feliz, me llena, me realiza el simple hecho de
cuidar de mi misma, y ver lo bien que lo puedo hacer. La responsabilidad
no me asusta ni me da pereza, me place enormemente.
Debo decir que sabía que venía aquí a madurar, pero no me imaginaba todas las dimensiones que eso implica.
No hay comentarios:
Publicar un comentario