domingo, 12 de junio de 2016

El verano


Decidí seguir adelante con mi tesis y terminar la maestría. No fue un proceso fácil, y tuve que reflexionar mucho, incluso sobre quién soy. Me convenció el hecho de que este es un último paso, y realmente lo peor ya pasó. Mi asesor me confirmó que el tema sigue siendo viable, entonces no hay tiempo que perder.

Les comento que la crisis coincidió con una temporada de frío y oscuridad que desconcierta a cualquiera, ¡después de que la primavera había sido tan bella y reconfortante! Afortunadamente el verano comenzó hace un par de semanas.

La temperatura ha oscilado entre los 15 y los 21 grados centígrados, es decir, entre Bogotá y un día fresco de Villeta, sin embargo, los británicos ya se empelotaron. No estoy exagerando. Las mujeres salen prácticamente desnudas a la calle, hay unas modas que jamás había visto, como escotes en los lugares más rebuscados. Lo grave del asunto es que estas mujeres pueden ser de cualquier edad, gordas y tener las piernas llenas de celulitis, no les importa. Todo el mundo anda en sandalias, también los hombres, pero los pies los tienen sucios sin arreglar, con uñas horribles. He buscado sandalias para mi, por si acaso se hacen necesarias, pero mi talla en este país es muy pequeña y los diseños que hay son para pies gruesos, mi pie delgado y puntudo no se luce con ningún modelo. ¡Y pensar que mis sandalias de Colombia eran preciosísimas! Ya empezaron a sentirse los olores más fuerte, no sólo de las personas sino de las calles. Por ahí se cruza uno con los mismos mochileros franceses u holandeses apestosos que se ven allá en Colombia.

Arturo y yo nos sentimos extraños porque no es suficiente el calor aún para lo que vemos, y el helado británico es muy feo y caro. Es como si no supieran vivir el verano, viven una caricatura de lo que es cotidiano en el trópico. Ha habido festivales de música, borrachos al mediodía, calles hechas basureros por montones y fiestas con excesos que no había visto en Bogotá en pleno espacio público y horario familiar, sin advertencia... Como para no criar hijos aquí, de verdad. 

Sin embargo, las personas se ven relajadas, más sueltas, y dentro de ese marco he entablado mi primera amistad con un británico. Lástima que ya para el final. Yo misma me siento aún más segura y accesible cuando no estoy tiritando, y se puede estar afuera todo el día, incluso en las noches, que son bellísimas. 

Hay un par de playas cerca, pero me han dicho que no importa la temperatura, el mar siempre es demasiado frío para meterse a nadar. Los nativos lo hacen, esto me lo dijo un extranjero. No lo haré yo porque ni siquiera tengo vestido de baño, pero tal vez meta los pies para activar mi circulación o algo. En dos meses iremos a Polonia y parece que allá es más agradable aún el verano.

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