sábado, 13 de agosto de 2016

Paseo a Polonia

He venido a Polonia a visitar a la amiga más cercana que me hice en Inglaterra: Patricia. Ella estudia español y alemán en Southampton, nos hicimos amigas porque ella me pidió que la ayudara con su español simplemente conversando con ella periódicamente, es decir, lo que uno hace con los amigos.

Nos llevamos magníficamente y nos veíamos cada semana, por eso heme aquí con Arturo en la casa de su familia en este pueblito cerca de Cracovia.

Este es apenas mi segundo día aquí y ya he tenido un par de aventuras. Lo primero fue que en el bus camino al aeropuerto en Londres, quedamos atrapados más de una hora en un trancón en la mitad de la ciudad. Y uno se quejaba de Bogotá... Llegamos al aeropuerto con el tiempo justo, y nos subimos a un avión ocupado por gente polaca casi en su totalidad, y como única persona no blanca, estaba yo. Contrasto muchísimo con su fenotipo.

El viaje fue cortico, y finalmente llegamos a Cracovia donde Patricia y su papá nos estaban esperando, la noche del domingo. Los papás de Patricia no hablan inglés, ni menos español. Los hermanitos de 6 y 4 años tampoco, obviamente, pero el niño más pequeño conversa mucho conmigo, y le dice a Patricia que él me entiende todo lo que digo... Es lo más tierno del mundo. A pesar de este problema nos hemos comunicado bastante con señas y la aplicación de traducción del iPad y el celular de Arturo. Es una familia muy amorosa y sencilla.

El papá de Patricia es dueño de un almacén de mascotas, y también entrena pastores alemanes para concursos y para la policía del pueblo. Aquí mismo tienen cinco perros. La mamá, que es muy joven, es ama de casa. Sabíamos que veníamos a vivir en una casa grande de campo, y estábamos contentos de que alguien cocinara para nosotros y de tener espacios limpios. Lo que no nos imaginamos es que iba a haber un baño para las 7 personas que estamos. Ayer conocimos a un español casado con una polaca y nos contó que a los hombres polacos les encanta hacer todo por sí mismos: arreglar sus propios carros y aparatos, cultivar sus propias verduras, hacer su propio pan, y construir sus propias casas. Se nota que esta casa es un claro ejemplo, porque hay muchos errores arquitectónicos que hacen la vida no tan obvia. Ningún cuarto, nisiquiera el baño, tiene seguro, entonces no le queda a uno más opción que confiar en los anfitriones... Es un ejercicio interesante.

Ayer se conmemoraba el Levantamiento de Varsovia, y estábamos comiendo un helado cuando sonó una sirena y la ciudad se paró por completo como señal de respeto... Hubo después conciertos y cosas aquí en Jaroslaw. Qué nos íbamos a imaginar que llegaríamos en fiesta nacional... Fuimos a un monasterio benedictino muy genial, que es como el centro cultural del pueblo. Los artistas locales exponen sus obras ahí, y hay exposiciones sobre la ciudad en la segunda  guerra mundial, y el Papa Juan Pablo II.

La comida polaca consiste en pan, jamones, papa, verduras, y té. También nos dan muchas golosinas. Como raro para una mamá, doña Bárbara nos ve delgados y nos ha sobrealimentado terriblemente. Patricia se me burla y dice que no voy a poder evitar engordar. No se extrañen si llego repuestica a Colombia, no me la monten.

Ahora nos vamos a Cracovia a conocer. La diferencia horaria ahora es 7 horas más temprano que Bogotá. Es un alivio estar en un país católico otra vez... Algo en el ambiente cambia. Aunque sigue siendo Europa, y no hemos visto que nadie más tome una ducha en estos dos días...

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